"En resolución, él [el ingenioso Hidalgo de la Mancha] se enfrascó tanto en su lectura, que le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro de manera que vino a perder el juicio.
(p. 29-30 da edição do IV Centenario, por la Real Academia Española, 2005.

