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domingo, 22 de março de 2026

Trump tem um odio doentio contra imigrantes latinos e pessoas falando espanhol - Alvaro García Linera (Pagina 12, Diario Red) - Comentários Madame IA




Esta análise debruça-se sobre a complexa rede de poder, psicanálise e economia política descrita no texto, que articula a ascensão de um novo tipo de soberania americana baseada na exclusão deliberada e na hierarquização racial.
Abaixo, a desconstrução crítica dos pontos centrais:
1. A Dimensão Psicanalítica: O Gozo na Crueldade:
O texto utiliza acertadamente o conceito de "sintoma lacaniano" para explicar a recusa de Trump em aprender espanhol. Não se trata de uma barreira linguística cognitiva, mas de uma barreira de castração simbólica.
- Análise: Para essa mentalidade, o espanhol funciona como o Objeto a — algo que invade a pureza imaginária da nação. A "maldita língua" não é apenas comunicação; é a presença física do Outro que "rouba" a identidade anglo-saxônica. O gozo (satisfação além do princípio do prazer) advém justamente da humilhação pública. A política deixa de ser sobre gestão de recursos e passa a ser sobre a gestão de afetos sombrios: a crueldade contra o imigrante serve como um "cimento social" que une a base eleitoral através do prazer compartilhado na exclusão do outro.
2. A Engenharia da Invisibilidade: Ordem Executiva 14224:
A imposição do inglês como língua única e a atuação do ICE descrita como uma "caçada de corpos" representam a transição de um Estado de Direito para um Estado de Exceção permanente para populações racializadas.
- Análise Crítica: Ao remover o espanhol dos órgãos federais, o governo não está apenas economizando recursos; está praticando um etnocídio burocrático. Quando se retira a língua de um povo no espaço público, retira-se sua existência jurídica. O texto aponta um dado crucial: a perseguição não distingue "legais" de "ilegais". Isso prova que o alvo não é a infração migratória, mas o marcador fenotípico e cultural. A "latinidade" torna-se um estigma ontológico que precede qualquer documento.
3. O Paradoxo Econômico vs. A Lógica Colonial:
Um dos pontos mais fortes do texto é o contraste entre o poder econômico latino (US$ 4 trilhões de PIB, maior que o da Alemanha) e sua subordinação política.
- Análise: Aqui reside a "gramática da crueldade". O sistema de Trump tenta sustentar uma contradição insustentável: ele deseja a mais-valia do trabalho latino, mas rejeita a presença do corpo latino. O racismo funciona como uma ferramenta de depreciação de ativos. Ao desvalorizar socialmente o latino, o sistema legitima o pagamento de salários menores e a negação de direitos, operando uma transferência de riqueza da base racializada para o topo da pirâmide. É a atualização da "consciência servil" de Hegel, onde o medo da deportação mantém a força de trabalho dócil e produtiva.
4. A Reação em Cadeia: De "Panchitos" a "Países de Merda":
O texto ironiza com precisão a hierarquia interna entre os próprios latinos. Aquele que discrimina o vizinho na América Latina descobre, ao chegar nos EUA, que o racismo sistêmico é daltônico para nuances de classe ou nacionalidade: todos são reduzidos à categoria pejorativa de "mexicanos" ou "greasers".
- Análise: Essa globalização do desprezo anula as pretensões de elite das burguesias latino-americanas que apoiam tais regimes, revelando que, na visão do centro imperial, elas são apenas "variantes de países de merda".
5. Conclusão e Perspectiva Crítica: O Despertar do Gigante?
A tese final de que essa pressão resultará em uma insurgência anticolonial ou em uma reconfiguração multiétnica dos EUA (semelhante ao Movimento dos Direitos Civis) é o ponto de maior tensão.
- Rigor Crítico: Embora a demografia (68 milhões de pessoas) favoreça essa tese, o texto subestima a capacidade do sistema de cooptar partes dessa população através da religião (neopentecostalismo) ou da promessa de "embranquecimento" social. No entanto, a conclusão sobre a anomia social é certeira: ao governar pela crueldade e pela divisão linguística, o governo Trump não está "limpando" a nação, mas fraturando o pacto básico que impede uma guerra civil de baixa intensidade.
Estamos diante de uma política que trocou a racionalidade econômica pelo delírio identitário, e o custo disso será a ingovernabilidade de um país que já não fala a mesma língua, literal e metaforicamente.

Fonte (IA Gemini):

"Su maldito idioma”


En una reciente reunión de Trump con algunos presidentes latinoamericanos, con lapidaria sinceridad, les dijo a todos ellos que no va a «aprender su maldito idioma», refiriéndose al español. 

Decir esto ante un auditorio donde todos tienen como idioma materno el español y apenas balbucean un inglés rústico -como luego lo demostró Milei-, puede ser visto como una grosería inapropiada. Pero, en realidad, estamos ante un clásico síntoma lacaniano de metáfora y goce (El Seminario, Libro III). 


El “maldito idioma” es el “sustituto de posición” de un idioma que al presidente Trump le resulta detestable y molesto porque se le presenta como una infección en el cuerpo social estadounidense imaginado como blanco, monolingüe (inglés) y protestante. Y el goce porque, si bien conscientemente sabe de los costos políticos que pueden arrastrar las humillaciones desplegadas hacia los migrantes latinos y la población latinoamericana en general, hay una desbordante satisfacción corporal que le provocan las crueldades y agravios que ha ordenado implementar contra ellos. 

No es tanto un ataque a un idioma como a una población que mayoritariamente habla el idioma español. 


En 2025, ha firmado la Orden Ejecutiva 14.224, que declara como único idioma oficial de EE.UU. al inglés, a pesar de que el 20% de la población habla español. Esto ha supuesto que todas las oficinas gubernamentales federales suspendan la asistencia en cualquier otro idioma.

Pero el golpe más duro contra la presencia latina ha venido de la mano del ICE, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, que durante el último año ha desplegado una despiadada persecución de latinos en todo el territorio. 


Se trata de una persecución racializada contra los migrantes, legales o ilegales, provenientes de Latinoamérica. Como lo expresaba una migrante argentina, el ICE “no busca papeles, busca cuerpos. Es una cacería”. 



Y más allá de los centenares de miles de detenciones y deportaciones ilegales, están el miedo y escarmiento como políticas de Estado que se despliega hoy como modo de legitimación política. En esas circunstancias, la crueldad ejercida contra una parte de la población, galvaniza la cohesión de la otra parte de sus habitantes. Así, el “latino” para la mitad de los estadounidenses no solo es el “intruso” que alimenta todas las desquiciadas teorías sobre el “gran reemplazo” de los “verdaderos” norteamericanos (“blancos”): sino que, también, es el chivo expiatorio del deterioro económico de clases medias y populares “olvidadas” por la globalización neoliberal.



Todo esto está llevando a que la “latinidad” comience a presentarse en las instituciones y en el sentido común dominante como un estigma devaluatorio que quita derechos y ralentiza reconocimientos. Con el tiempo, en el prejuicio popular, la latinidad ya deviene en un marcador de ‘inferioridad” social. Resulta irrelevante si los sujetos posean una pigmentación de piel semejante a los norteamericanos anglosajones o si su apellido tiene raíz italiana o alemana; igual son peyorativamente categorizados como “latinos”, “frijoleros”, “spic”, “greaser” (J, Hill, 2008). De este modo la cadena de desprecios raciales escalonados a nivel nacional, alcanza ahora una dimensión global. Los que en España llaman despectivamente “panchitos” a los migrantes latinoamericanos, en Argentina “bolitas” a los migrantes bolivianos o, en Bolivia, “indios de mierda” a las poblaciones indígenas, no bien ponen un pie en Miami o New York, no son más que variantes de latinos provenientes de lo que Trump ha calificado como “shithole countries”.



Sin embargo, si uno se fija en los costos y beneficios de carácter económico y político que conlleva esta cruzada antimigrante y de sometimiento brutal del sur del continente, las consecuencias pueden resultar contraproducentes para la propia estrategia trumpista de “limpieza” étnica en lo interno y de vasallaje del continente. 

La población hispanohablante del mundo es de 635 millones, la tercera más hablada del planeta (Instituto Cervantes, 2025). En EE.UU. los “latinos” -que es como llaman a los hispanohablantes- son 68 millones de personas, por encima de los “asiáticos” (21 millones) y los “negros” (39 millones). De ese total de latinos, 45 millones han nacido en EE.UU.; 8.6 millones son migrantes ciudadanizados y 14 millones (21 %), son no ciudadanos (Pew Research Center, 2025).

Económicamente, los latinos generan una actividad económica anual de 4 billones de dólares, más que Alemania o la India. Pagan cerca de 300.000 millones de dólares en impuestos (USLatinGDP, 2025), y más del 80% de lo que generan se queda en el país (Sheinbaum, 2025). 

Dada esta importancia demográfica y económica de la migración latina, ¿cómo entender, entonces, esta gramática de la crueldad racializada que el Gobierno norteamericano está desplegando? 

Es probable que el presidente Trump y la oligarquía que lo acompaña confíen en la capacidad seductora de la fuerza bruta de la dominación. Es una norma que se repite en la historia de todos los países del mundo que los migrantes de una región o país más pobre que se dirigen a otro más próspero tengan como modelo aspiracional a las élites exitosas de ese país o región de destino. 


Es lo que Hegel, en la fase primera de la dialéctica del amo y el esclavo, llamó la “conciencia servil” del dominado ante el temor absoluto a la muerte que le puede infligir el amo. En este caso, el temor a la deportación o la exclusión.

Algunos datos apuntan a este camino de aceptación silenciosa de los agravios. En EE.UU., los migrantes latinos tienden a integrarse económica y culturalmente rápido a las estructuras sociales. Son los más propensos a creer en el “sueño americano” y están dispuestos a cualquier sacrificio para lograrlo (Noah Smith, 31, II, 2023).


Pero también hay dos aspectos gravitantes que pueden bloquear este calvario migrante que aspira a una futura redención integradora. 

El primero, es que el latino en EE.UU. no es una minoría más que podría esperar su dilución en la sociedad dominante. Los latinos son la segunda mayoría poblacional del país, la más joven y la de mayor crecimiento. Además, un 94 % se define a sí misma como hispana (Pew Research Center, 2025).


Se trata de una densidad social que, tarde o temprano, va a dar lugar a una acción colectiva por la construcción de algún tipo de nación multicultural y de institucionalidad estatal multiétnica, tal como lo hizo la población norteamericana afrodescendiente con el poderoso movimiento por los derechos civiles, entre los años 50 y 70 del siglo XX.

El segundo, que el racismo es un tipo de fuerza económica que devalúa el trabajo y los bienes de los sujetos racializados. 


Bloquea oportunidades de ascenso social de los segregados y sobrevalúa artificialmente la posición y los recursos de los sujetos que racializan a los demás. Estamos ante modalidades de transferencia económica por vía de la jerarquización discursiva de los cuerpos. Y ello, ejercido violentamente contra una población numerosa que posee un patrimonio económico relevante, no puede pasar desapercibido en la conciencia de los usurpados. 

Lo propio puede afirmarse respecto a los países hoy arrastrados al vasallaje por sus elites políticas. Con el tiempo, la sumisión resignada que acepta la despiadada expropiación de fuerza de trabajo y recursos naturales, puede transformarse en una explosiva insurgencia anticolonial orientada a la recuperación de sus riquezas. 


¿Se expresará todo esto en el desplazamiento del voto latino en las elecciones de medio término de noviembre de 2026? Es muy probable. Pero me inclino a pensar que lo más importante viene del lado de una intensificación de las ya elevadas frustraciones y resentimientos explosivos que vive la sociedad estadounidense, con el consiguiente aumento de la polarización política y la anomia social que prevalece desde el asalto al Capitolio en 2021. 


+ Artículo publicado en simultáneo con Diario Red, de España. 



domingo, 16 de junho de 2024

A Argentina volta às “relações carnais” - Roberto López (Pagina 12)

 La errática política exterior y de defensa de Javier Milei

Socio global de la OTAN y miembro del grupo Ramstein: la irresponsabilidad como factor común


Desde la asunción del presidente Javier Milei, la política de Defensa Nacional en Argentina ha experimentado cambios significativos, particularmente, tal cual señaló el pasado martes de 11 de junio el Secretario de Asuntos Internacionales de la Defensa -Juan Battaleme- en la Comisión de Defensa Nacional, donde había sido citado para que brinde explicaciones, en torno las alianzas y compromisos internacionales.

Practicando el ejercicio de recorrer la exposición del citado funcionario, se puede apreciar que cada uno de los eventos que, tomando estado público, sin dudas, obedecen a una planificación que tiene un sentido nítido de alineamiento irrestricto –y sobreactuado-- a las políticas emanadas desde Washington. Hasta acá ninguna novedad.

Ahora bien, en esa imaginaria línea de tiempo se pudo observar que, en abril de 2024, el ministro de Defensa, Luis Petri, llevó a cabo una misión diplomática clave ante la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) por instrucción del presidente Milei. El objetivo principal fue operativizar el proceso de aprobación para que Argentina pueda adquirir la categoría de "socio global" de la alianza hemisférica.

Durante una reunión en Bruselas, sede de la OTAN, Petri entregó una carta de intención que expresaba la solicitud de Argentina para convertirse en un socio global de la organización.

Simultáneamente, el Ministerio de Defensa -y la cancillería- terminaban de darle forma a un nuevo Plan Anual de Ejercitaciones Combinadas y Conjuntas de las FF. AA. para el período 1° septiembre 2024/31 agosto 2025. Este proyecto enviado de apuro esta última semana -PE008-2024- debió haber ingresado al Congreso de la Nación en el mes de marzo de 2024, es decir, con un atraso significativo que pudo estar atado a los retoques que le imprimió la nueva gestión de la Defensa Nacional.

La principal novedad estuvo dada en la incorporación del Ejercicio XIV “GUINEX”, una ejercitación a desarrollarse en el Golfo de Guinea. Tal cual surge del marco situacional y objetivos descriptos en el proyecto, esta actividad tiene como foco central aquellas técnicas y tácticas en operaciones navales asociadas a la vigilancia y el control del mar, especialmente la que se desarrolla con más frecuencia en esa parte del globo, la piratería. 

Vale recordar, una vez más, que en nuestro país la autoridad marítima está en manos de la Prefectura Naval Argentina, y que la piratería, un fenómeno relacionado a la seguridad, debería estar en la órbita de acción de la esta última fuerza de seguridad. Todo ello previsto en las leyes 23. 554, 24.059, Decreto Reglamentario 727/2006 y otras normas conexas y concatenantes.

Sobre este particular, el licenciado Juan Battaleme indicó que el gobierno nacional está trabajando sobre una modificación del decreto reglamentario de la ley de Defensa Nacional y, en particular, sobre la Directiva Política de Defensa Nacional (DPDN). En ese sentido, agregó el funcionario, que existen actividades de Defensa Nacional que operan en “zonas grises” en cuanto a que podrían ser consideradas de Seguridad Interior. 

Finalmente, Battaleme sostuvo como argumento central, que el Ejercicio “Guinex” era liderado por la Marina brasileña, entendiendo que esto ofrecía una mirada legitimadora para la ejecución de éste. Vale recordar que en Brasil la autoridad marítima es la Marina de Brasil, así lo contempla la legislación de ese país.

En ese recorrido imaginario de la exposición del Secretario de Asuntos Internacionales de la Defensa, conviene resaltar los ejes en los cuales fijó la centralidad de su argumento respecto a la petición de incorporar a la Argentina como socio global de la OTAN.

Battaleme sostuvo que esto obedecía a una directiva estratégica ordenada por el presidente de la nación. En estrictas palabras del funcionario: "Esto significa integrarse a Occidente poniendo, de este modo, en funcionamiento un mecanismo de coordinación política con los miembros de la Organización militar multinacional (sic)”. Agregó, además, la conveniencia de "tener un oído en esa mesa de decisiones (sic)”.

Profundizando en ese concepto, sostuvo que Argentina había tenido un “gesto” hacia occidente y que esto era en el marco de una clara elección: Trabajar asociado a Estados Unidos. Nuestro país exhibió ese estatus similar a partir de 1998 hasta que la Dra. Nilda Garré ordenó poner fin a esa asociación durante su mandato al frente a esa cartera.

En términos de adquisición de materiales para defensa, cerrado el capítulo de la compra de los cazas multirrol F-16, el ministro de defensa, según publicaciones de esta semana, sostiene conversaciones con Italia por la compra de un buque de asalto anfibio clase San Giorgio que la Marina Italiana está próximo a desprogramar. Esta nave, que además cuenta con una cubierta para operar helicópteros, es una capacidad que la Armada Argentina había perdido con la baja del buque ARA San Antonio. Con coherencia, Juan Battaleme sostuvo el pasado martes que su aspiración es que las Fuerzas Armadas recuperen la proyección naval y el largo alcance.

Esta lógica obedece más a un concepto de una Defensa Nacional del tipo “ofensiva” y no “defensiva-disuasiva” como establece el complejo normativo argentino. Detalle no menor si se tiene en cuenta que la OTAN realiza operaciones de proyección de fuerzas a lo largo y ancho del globo.

Por último, Battaleme sostuvo que pertenecer a la OTAN como socio global no le generaba obligaciones en torno a los conflictos en que la organización tomaba parte; estrictamente dijo: “Si Argentina no quiere meterse en un conflicto, no lo va a hacer". Al mismo tiempo, indicó que en Ucrania la única misión que llevaría a cabo nuestro país iba a ser de índole humanitaria.

Dicho esto, ocurrieron dos cosas: Argentina fue incluida oficialmente en el Grupo Ramstein, un grupo de países que apoyan la defensa a Ucrania mediante el envío de equipo y entrenamiento militar. Por otro lado, trascendió que existe la intención de enviar los cinco aviones Super Etendard Moderinsé -comprados en la gestión del ingeniero Macri- y que nunca volaron por tener vencidos los cartuchos pirotécnicos de los asientos eyectores (esto último con una triangulación con Francia). Aquí sí parece que el discurso y las acciones entran en colisión.

Algunas consideraciones

Es evidenciable, en el relato del secretario de Asuntos Internacionales de la Defensa, que el gobierno argentino ha fijado su rumbo en política exterior. Este rumbo va a estar determinado por las decisiones en esta materia que surjan desde Washington. Así lo expresó claramente cuando sostuvo que habían elegido ser socios de Estados Unidos, visto las asimetrías entre ambas naciones es factible poner en duda el carácter de “socios”. En ese mismo orden, vale decir, existe coherencia entre lo escrito por el Ministerio y las acciones ejecutadas, en materia de política exterior.

Las inconsistencias aparecen cuando la sobreactuación, antes declamada, irrumpe en la escena internacional y genera posicionamientos que ponen en riesgo a la seguridad de la nación. Mientras Battaleme sostenía que Argentina solo apoyaría operaciones humanitarias en Ucrania, resulta que su jefe, el ministro Petri, era recibido por el secretario de Defensa de Estados Unidos, Lloyd Austin, en la 23ª reunión del Grupo de Contacto de Defensa de Ucrania. Por otra parte, se comenzaba el estudio del citado traspaso de material aeronaval en triangulación con Francia, actual proveedora de material bélico a Ucrania. 

Es acá donde la inconsistencia, entre en el relato y las acciones, pone en una situación peligrosa, inestable y poco asertiva a la República Argentina. Romper las tradiciones, en este caso la neutralidad en conflictos que no atañen intereses u objetivos directos de la nación, implica no solo un hecho disrruptivo de la liturgia del Palacio San Martín, sino que compromete el destino del país y de todos los que vivimos en él. La incorporación al Grupo Ramstein debería ser tratada en el Congreso de la Nación, toda vez que ese grupo es el que apoya el esfuerzo militar de Ucrania y coordina, al mismo tiempo, las acciones de los países que apuntalan a esta nación en la guerra contra Rusia. 

En resumen, es necesario recuperar la sensatez en el modo de vincularse con las grandes potencias sin la necesidad de dividir al mundo, adolescentemente, entre “buenos” y “malos”; entendiendo que las relaciones se mueven por intereses nacionales y no por gustos personales. Eso queda en evidencia con el anuncio del próximo viaje del presidente Milei a China, luego de las desafortunadas declaraciones del mismo presidente y su canciller, Diana Mondino.

En síntesis, volver a la senda de la racionalidad en asuntos de política exterior y defensa de la mano de una planificación adecuada que observe, particularmente, la soberanía e independencia de la Nación Argentina, su integridad territorial y capacidad de autodeterminación, y, finalmente, protegiendo la vida y la libertad de sus habitantes. 

*El autor es abogado, magíster en Defensa Nacional. Asesor parlamentario en la Comisión de Defensa Nacional en la Honorable Cámara de Diputados y en la Comisión Bicameral de Inteligencia del Honorable Congreso de la Nación.


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