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Este blog trata basicamente de ideias, se possível inteligentes, para pessoas inteligentes. Ele também se ocupa de ideias aplicadas à política, em especial à política econômica. Ele constitui uma tentativa de manter um pensamento crítico e independente sobre livros, sobre questões culturais em geral, focando numa discussão bem informada sobre temas de relações internacionais e de política externa do Brasil. Para meus livros e ensaios ver o website: www.pralmeida.org. Para a maior parte de meus textos, ver minha página na plataforma Academia.edu, link: https://itamaraty.academia.edu/PauloRobertodeAlmeida

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quarta-feira, 20 de novembro de 2019

Um general de 20 bilhões de dólares - José Casado (O Globo)

Um general de US$ 20 bilhões

Adido militar é protagonista de um dos maiores escândalos financeiros da década
O Globo, 18/11/2019 - 23:00 / Atualizado em 19/11/2019 - 11:22

Ele passou os últimos cinco anos numa vida discreta, encoberto como diplomata, mantendo quatro mil quilômetros de distância da tragédia humanitária que ajudou a construir no seu país, a Venezuela.
Em Brasília poucos sabem, mas Manuel Antonio Barroso Alberto, 51 anos, adido militar no Brasil da cleptocracia comandada por Nicolás Maduro, é protagonista de um dos maiores escândalos financeiros da década: o sumiço de US$ 20 bilhões (ou R$ 84 bilhões) das reservas cambiais venezuelanas.
A fraude aconteceu no governo Hugo Chávez, entre 2006 e 2013, durante a euforia das exportações de petróleo a preços recorde — o barril chegou a US$ 120. Barroso era coronel e presidia a Comissão de Administração de Divisas (Cadivi), órgão que autorizava empresas a remeter dólares ao exterior.
Em 2012 o Banco Central venezuelano estimou em US$ 20 bilhões o valor das licenças cambiais “sem justificativa” dadas por Barroso. As “importações fictícias”, via empresas-fantasmas, foram confirmadas pelos ministros Jorge Giordani (Planejamento) e Edmée Betancourt (Indústria e Comércio). Anunciou-se um “rigoroso inquérito”, o ditador Maduro extinguiu o Cadivi, demitiu Barroso, depois o promoveu a general e mandou-o a Brasília como adido militar.
Em Caracas, as investigações continuam interditadas pelo trio que patrocinou a carreira de Barroso, desde a secretaria do falecido Chávez (2001) ao generalato (2015). Por coincidência, são personagens influentes da cleptocracia e que ainda sustentam Maduro no poder: Diosdado Cabello, líder do partido chavista; Vladimir Padrino López, ministro da Defesa; e Jesús Suárez Chourio, comandante do Exército.
Semana passada, Barroso se envolveu num incidente com adversários do regime que tentavam ocupar a embaixada em Brasília. Discreto e com uma vida sem dificuldades financeiras, como os demais diplomatas venezuelanos, o general “Manolo” Barroso guarda a pista de um grande segredo da cleptocracia chavista: a lista dos favorecidos pelo Cadivi com o desaparecimento de US$ 20 bilhões das reservas cambiais da Venezuela.


quinta-feira, 17 de outubro de 2019

Venezuela: 200% de inflação, 50% de desemprego, retração econômica de 33% em 2019, sobre queda à metade desde Maduro

Venezuela cerrará el año con una inflación del 200.000%
El FMI rebaja la previsión del alza de precios, aunque la economía se reducirá un tercio a finales de 2019
Florantonia Singer
 El País, Madri – 17.10.2019

En julio el Fondo Monetario Internacional (FMI) comenzó a recalcular las estimaciones de la brutal hiperinflación que vive Venezuela desde hace dos años y en su nuevo informe de este martes la ha rebajado nuevamente. El país sudamericano, inmerso en una profunda crisis humanitaria y política, cerrará el año con 200.000% de inflación y una estimación de 500.000% para 2020. El indicador está muy por debajo del aterrador pronóstico que hacía el organismo multilateral el año pasado de un indicador del 10.000.000%, que en el trimestre pasado ya había rebajado a 1.000.000%. La reducción de ceros no implica, sin embargo, un escenario más alentador para la nación petrolera.
El régimen de Nicolás Maduro ha aplicado medidas parciales y tardías, en opinión de los economistas, para controlar la subida de los precios y la depreciación del bolívar. El aumento del encaje legal bancario ha sido una de las más extremas, pues la restricción del financiamiento crediticio a las empresas ha tenido un costo muy alto para la actividad económica. Además, después de 15 años de férreos controles de precios y de cambio, el chavismo ha flexibilizado de forma no oficial las fiscalizaciones a comercios, lo que ha llevado a una vuelta de hoja demencial en cotidianidad venezolana, en la que por años había visto en Venezuela: anaqueles llenos de productos básicos y ofertas, pero pocos ciudadanos con capacidad para adquirirlos.
La contracción del Producto Interno Bruto sigue en picada como desde hace cinco años y el FMI la calcula en 35% para cierre de 2019 y con una caída menos severa, del 10%, para 2020. En un lustro de encogimiento sostenido de la economía, este año se producirá la reducción más significativa. Desde que Maduro llegó al poder la economía del país se ha contraído a la mitad; en 2019 se achicará otro tercio. Según los datos del organismo, la relación de las caídas ha sido así: en 2018 fue de 18%, en 2017 de 15,7%, en 2016 de 17%, en 2015 de 6,2% y en 2014 de 3,9%. “Se prevé que continúe el colapso multianual de la producción. La profunda crisis humanitaria y la implosión económica en Venezuela continúan teniendo un impacto devastador, y se espera que la economía se reduzca en aproximadamente un tercio en 2019”, refiere el informe presentado este martes.
El FMI destaca que el empeoramiento de las condiciones macroeconómicas entre 2017 y 2019 en un pequeño grupo de países, entre ellos Venezuela, Argentina, Turquía e Irán, ha incidido en una disminución del crecimiento global de 3,8% en 2017 a 3% este año. Para el país caribeño también prevé un aumento del desempleo de 47,2% en 2019 a 50,5% en 2020.
Pese a la desaceleración de los precios que se ha registrado desde julio, la hiperinflación está todavía lejos de desaparecer de la vida de los venezolanos. El Gobierno de Maduro había controlado el gasto fiscal retrasando el incremento del salario mínimo. En 2018 hizo aumentos cada dos meses para compensar el aumento de precios, pero este lunes le tocó dictar su tercer incremento del año, después de seis meses sin ajuste que llevaron la remuneración a un mínimo histórico de menos de 2 dólares mensuales. La reducción de los ingresos por la merma en la producción en la petrolera, sumado a la camisa de fuerza que han supuesto las sanciones económicas de Estados Unidos, obligarán a un aumento de la base monetaria a través de la impresión de dinero sin respaldo, que seguramente disparará los precios.
Maduro ha anunciado que se reunirá con su equipo para definir una nueva “ofensiva económica” para lo que resta de 2019. El plan anunciado en agosto de 2018, que incluyó la resta de cinco ceros a la moneda y la emisión de nuevos billetes, se fue al traste en menos de un año. El nuevo bolívar soberano nació con un cono monetario cuyo billete de mayor denominación era de 500 bolívares y 10 meses después el Banco Central debió emitir nuevas piezas que ahora llegan hasta 50.000 bolívares, que apenas alcanzan para pagar dos cafés con leche en una panadería.

quinta-feira, 5 de setembro de 2019

Maracaibo: cidade fantasma da Venezuela - Der Spiegel

Ghost Town
A Venezuelan El Dorado Hits Rock Bottom
Maracaibo used to be the Dallas of Venezuela, it's wealth fueled by oil. But today, residents are fighting for survival and the city is experiencing an exodus. The collapse of Maracaibo is emblematic of what may lie in store for the country at large.
Katrin Kuntz and Adriana Fernández
Der Spiegel, Hamburgo – 4.9.2019

The day on which residents of Maracaibo destroyed their own city out of sheer desperation began relatively normally, considering the circumstances. It was March 10, 2019, and for the preceding three days, the power had been out across almost the entire country. Fernel Ricardo, a resident of Maracaibo, the second-largest city in Venezuela, remembers how his city took one step closer to the abyss that day.
The 40-year-old father of three girls, Ricardo relates how he was standing in his kitchen that morning trying not to completely lose his sanity. "Food was rotting in the refrigerator and there was no water coming out of the tap," he says. They were unable to make money transfers or withdraw cash, meaning they couldn't buy anything.
Because much of the telecommunications infrastructure had collapsed, making calls was also difficult. "We received no information, no explanation from the government," Ricardo says. There was just one state radio station that continued to broadcast, with people in Ricardo's neighborhood able to listen in with the help of a generator. "Nobody told us what was going on," Ricardo recalls. "The station just played music."
Soon, panic began to spread in San Jacinto, the impoverished district where he lives, one that is considered a stronghold of former Chávez supporters. "What kind of country isn't able to deliver electricity to its people in the 21st century?" he found himself wondering.
A couple of hours later, Ricardo saw his neighbors marching through the district carrying bags and armed with sticks. "Let's go! To the supermarket!" they were yelling, according to Ricardo. "Enough is enough!"

A Bona Fide Dystopia

In the days that followed, the residents of Maracaibo plundered 523 shops. They raided 106 stores in a shopping mall and ransacked a gigantic supermarket, grabbing food and destroying the structure itself and even stealing the roof paneling. The looters also completely stripped a five-floor hotel, walking off with toilets and sinks in addition to taking the water out of the hotel pool.
A city of 2 million located near the border with Colombia, Maracaibo was once considered one of the richest cities in Venezuela. It was the first city in the country to receive electricity several decades ago, and the modern agricultural industry developed in the state of Zulia, of which Maracaibo is the capital. Huge oil deposits discovered beneath Lake Maracaibo further fueled development and turned the city into the Dallas of Venezuela's oil industry -- a city built on the wealth of the world's largest known oil deposit. The oil workers were known for their expensive cars while executives flew in private jets to gamble away money in the casinos of the Caribbean.
Today, Maracaibo is a ghost town, a bona fide dystopia reminiscent of the apocalyptic film "Mad Max." The limited resources at the disposal of President Nicolás Maduro's government tend to be reserved for the capital city of Caracas, located 700 kilometers (435 miles) away.
A walk through Maracaibo reveals a city where almost all of the restaurants and shops are closed. Stoplights don't work, bus service has been suspended and even schools are largely closed or, if they are open at all, only hold classes for a few hours at a time. "For sale" signs stand in front of many of the houses.
Children rummage through the garbage on the sides of the road on the search for something to eat as people in torn clothes walk past pushing shopping carts -- leftover from the days of plundering -- loaded with canisters full of brackish water. Butchers sell bits of unappetizing-looking meat. Some 6.8 million people in Venezuela are currently suffering from malnourishment. On the outskirts of the city, an emaciated man is taking an evening walk with his mother. When asked what the two of them have eaten that day, he responds: "Mangoes. Nothing else."
After years of neglect under President Hugo Chávez, who died in 2013, the source of the city's and the country's wealth has run dry. The state-owned oil company Petróleos de Venezuela (PDVSA) is in terrible shape and oil production has plunged by more than two-thirds since 2013, a result of corruption, mismanagement and sanctions applied by the United States. Recently, the country has only been putting out a million barrels per day, roughly the level of 1945. Hundreds of drilling rigs in Lake Maracaibo have deteriorated, power plants have fallen silent and tankers are sinking.

The Need for an About-Face

Four weeks ago, the U.S. imposed additional sanctions against the Maduro government, a way for Trump to exert more pressure on the Venezuelan president following the failed putsch launched by opposition leader Juan Guaidó. The sanctions have led to an additional one-third drop in oil production even as they have primarily hit the people of Venezuela. The country is hardly earning anything from oil exports anymore and the consequences for the already disastrous economic situation have been catastrophic.
Many in the country see the almost complete collapse of Maracaibo as a harbinger for the ruination of the entire country under President Maduro. If there is no political about-face, all of Venezuela could end up looking like Maracaibo.
In recent years, fully 4 million people -- more than a 10th of the country's population -- have left Venezuela and many thousands more continue turning their backs on Maracaibo and the surrounding region. If current trends hold, around 8 million people will have emigrated from Venezuela by the end of 2020 -- many more than the 5.6 million people who have fled Syria in recent years. Already, the Venezuelan exodus has become the largest mass migration in Latin America and is perhaps destined to become the biggest in the world.
Almost five months have passed since the huge wave of plundering and Fernel Ricardo is sitting in front of his home on a day in August, watching the sand blow across the pothole-filled road. The neighbors across the street are playing dominoes. Ricardo has just asked them for a couple of tomatoes so that his wife can cook something for them in the evening. They don't have any running water and electricity is spotty.
"I used to work in the PDVSA cafeteria," Ricardo says. Since the state-owned oil company basically ceased functioning, he has been repairing electronic devices, though it doesn't provide a regular income. Parked in the garage behind him is an old car belonging to neighbors who have emigrated. Next to it is an iron and a suitcase full of clothes that were also left behind.
"I'm trying to sell everything," he says. "Nobody here can survive off their job. The minimum wage of USD 3 per months is only enough to buy just a single chicken." By the end of the year, the hyperinflation plaguing the country could rise to an astronomical 51 million percent, making the national currency, the bolivar, essentially worthless. Those who can try to get ahold of dollars, or they survive on remittances from family members who have emigrated.

Blinded by Chávez

Back in the days of chaos, when desperation and fury drove the people of Maracaibo to ransack the city, Ricardo was briefly among them. He says he initially saw hundreds of people on the streets. "They had grabbed everything, as if the world was ending. Noodles, rice, shoes, watches, mobile phones and even refrigerators from the shops." Ricardo says he grew fearful when he saw stores burning and heard gunfire, but the police didn't intervene." I quickly grabbed four bottles of water," Ricardo says, "and then I went home."
Right in the middle of the chaos, the government issued a statement claiming that "opposition sabotage" had been responsible for the power outages. Following the most recent outage in July, Maduro blamed an "electromagnetic attack" from the U.S. Now, though, it is thought that a wildfire caused it.
Ricardo says he is ashamed of the plundering, but he also feels partially responsible for the situation in which the county now finds itself. "I voted for Chávez," he says with tears in his eyes. "I allowed myself to be blinded by the good deeds he performed." He says he never thought that Chávez would destroy the country.

Para acessar íntegra:

terça-feira, 4 de junho de 2019

Venezuela: quem representa efetivamente o país? - Diogo Schelp

Representante de Guaidó na Inglaterra ainda não foi recebida pela rainha

Diogo Schelp, UOL, 4/06/2019
Vanessa Neumann
Vanessa Neumann, representante de Juan Guaidó no Reino Unido (Foto: Arquivo Pessoal)
A venezuelana Vanessa Neumann é mais conhecida no Reino Unido por ter namorado Mick Jagger em 1999. Mas isso foi há 20 anos e, hoje, é uma afronta reduzir a biografia de Vanessa Neumann a esse fato do passado. Dona de uma consultoria política com sede em Nova York, ela é autora de um livro sobre as redes globais de comércio ilícito lançado há poucos meses no Brasil ("Lucros de Sangue", Editora Matrix). Ph.D em filosofia política pela Universidade Columbia, ela também é pesquisadora da Universidade Yale e já foi consultora da OCDE.
Vanessa também é uma crítica prolífica do regime de Nicolás Maduro e, este ano, foi nomeada por Juan Guaidó como sua representante diplomática no Reino Unido — país que, assim como muitos outros, incluindo o Brasil, o reconheceram como presidente interino de direito da Venezuela.
Apresentei o perfil de Vanessa Neumann rapidamente porque ela enfrenta, no Reino Unido, algo parecido com o que se passou com María Teresa Belandria, que foi nomeada por Guaidó embaixadora no Brasil. María Teresa apresentou, nesta terça-feira, 4, suas credenciais ao presidente Jair Bolsonaro, em cerimônia protocolar da qual participaram também outros diplomatas estrangeiros recém-nomeados para representar seus países no Brasil.
Uma reportagem da Folha de S.Paulo revela, no entanto, que assessores militares consideravam um erro Bolsonaro receber as credenciais de Belandria, sob o risco de "provocar" o governo de Nicolás Maduro.
Mesmo para os países — são cerca de 50 — que reconheceram a legitimidade de Juan Guaidó, a existência de duas estruturas diplomáticas paralelas, a de Guaidó e a de Maduro, cria situações complicadas.
É o que demonstra a situação de Vanessa Neumann. Ela não tem acesso à embaixada venezuelana em Londres, que ainda está nas mãos do governo de fato de seu país. Vanessa é reconhecida pelo governo britânico como legítima representante da Venezuela no país, mas não foi convidada a apresentar suas credenciais à rainha Elizabeth II, como ocorre com todos os embaixadores estrangeiros tão logo se instalam em Londres.
Ao receber as credenciais de Belandria, Bolsonaro fez um gesto estritamente simbólico. Espera-se do governo brasileiro um apoio mais contundente à oposição venezuelana. O Estado brasileiro, durante o governo do PT, foi usado para apoiar, fortalecer e até ajudar a enriquecer os ocupantes do poder na Venezuela. Quando o tecido social e econômico do país vizinho começou a desmanchar, o Brasil passou a ser destino de refugiados venezuelanos. A crise humanitária cruzou a fronteira para dentro do nosso território.
Do ponto de vista prático, porém, o recebimento das credenciais de Belandria não faz sentido, segundo explica o diplomata Paulo Roberto de Almeida, ex-presidente do Instituto de Pesquisa de Relações Internacionais (Ipri). "Guaidó não tem o controle efetivo das relações internacionais de seu país, apesar de ser reconhecido como governante legítimo por dezenas de países", diz Almeida.
Por esse motivo, Vanessa Neumann ainda não foi levada de carruagem, como é a tradição britânica, para apresentar suas credenciais à rainha.

sábado, 1 de junho de 2019

Brazil desmarca apresentação de credenciais de "embaixadora" da oposição venezuelana: militares determinaram a posição - Anthony Boadle (Reuters)

O jornalista contatou-me quando eu estava em viagem, e só pude responder perfunctoriamente. Em todo caso, ele registrou uma de minhas afirmações, ao final.
O fato é que os diplomatas e cônsules do Brasil na Venezuela têm de, são obrigados a tratar com o governo de fato em Caracas, para todas as providências administrativas de que se necessita numa relação bilateral.
As decisões precipitadas do chanceler no caso da Venezuela nunca foram bem vistas pelos militares, que preferem ser "diplomáticos", ao contrário do chanceler, que estava sendo inclusive anticonstitucional, ou inconstitucional, ao desprezar todas as regras do Direito Internacional, e o artigo 4 da CF-1988, que proibe intervenção nos assuntos internos de outros Estados. Neste caso, o chanceler estava seguindo o aventureirismo eleitoral de Trump, numa demonstração de subserviência política jamais vista nos anais de nossa diplomacia. Os militares, mais sensatos, estão aí para isso mesmo: corrigir os arroubos olavistas, bolsonaristas, tresloucados e aloprados, de uma tropa de amadores em matéria de política externa, todos eles influenciados por um destrambelhado que insiste em empreender uma cruzada contra o globalismo.
Tristes dias de nossa diplomacia...
Paulo Roberto de Almeida

Brazil snubs Venezuelan opposition envoy to avoid escalating border tensions



Venezuela's opposition leader and self-proclaimed interim president Juan Guaido, in Caracas, Venezuela, May 24, 2019.
The Associated Press

Brazil withdrew an invitation to the envoy for Venezuelan opposition leader Juan Guaido to present her diplomatic credentials, she said on Friday, and the government in Brasilia said it would decide later whether to accept them.
Brazilian President Jair Bolsonaro still recognizes Mr. Guaido as the legitimate president of Venezuela, his spokesman said. Mr. Guaido’s envoy, Maria Teresa Belandria, played down the idea that the snub reflected skepticism from Mr. Bolsonaro’s government.
Diplomatic analysts said mounting evidence that a change of government in Venezuela is not imminent may have Mr. Bolsonaro and his aides wondering if they overplayed their support for Mr. Guaido.
Former military officers making up about a third of Brazil’s cabinet have been wary of provoking Venezuelan President Nicolas Maduro, warning against moves that could tip an economic and political crisis into violence across Brazil’s northern border.
Ms. Belandria had been invited to present her credentials at the presidential palace along with ambassadors from other countries next Tuesday, but the government changed its mind.
“I was uninvited,” she told Reuters, but went on to dismiss any suggestion the snub reflected diminished support for Mr. Guaido.
“There will be another opportunity,” she said. “Brazil’s support continues to be strong, solid and decisive. It’s merely a protocol matter.”
Presidential spokesman General Otavio Rego Barros said Ms. Belandria was the representative of Venezuela’s “legitimate president” and denied an invitation had been withdrawn.
“Reception or not of the letters of accreditation will be assessed at a more convenient moment,” he told Reuters.
Brazilian newspapers Folha de S.Paulo and O Globo reported that Mr. Bolsonaro’s government had cancelled her invitation because ex-military aides want to pursue dialogue with Mr. Maduro, who also has an official representative in Brasilia.
“They realize Brazil has to deal with the reality that Maduro is not going anywhere right now and, even if he leaves, Guaido will not be president and a general will likely take his place,” said Oliver Stuenkel, a professor of foreign relations at the Getulio Vargas Foundation in São Paulo.
Mr. Guaido invoked Venezuela’s constitution in January to assume the interim presidency, saying Mr. Maduro’s re-election was not legitimate. Brazil and most Western countries have since backed him as head of state.
However, the Brazilian government has not revoked the credentials of Mr. Maduro’s representatives in Brasilia.
Mr. Guaido’s press team did not immediately respond to a request for comment.
Venezuela recently reopened its border crossing to Brazil after a nearly three-month closure, and Mr. Bolsonaro’s aides are working to restore more regular power supply for the Brazilian state of Roraima, which depends on the Venezuelan grid.
Mr. Bolsonaro, like many heads of state in the region, has been sharply critical of the Maduro government, and advisers to U.S. President Donald Trump have pressed him to take a harder line, raising speculation about positioning U.S. troops in Brazil.
Mr. Bolsonaro’s top security adviser, retired General Augusto Heleno, told Reuters two weeks ago that Venezuela’s armed forces will decide Mr. Maduro’s future and could depose him to lead a transition to democratic elections.
“Recognition of Guaido’s envoy was never agreed to by the military, who vetoed the idea of a U.S. base in Brazil from day one,” said Brazilian diplomat Paulo Roberto de Almeida.

segunda-feira, 13 de maio de 2019

Venezuela: por que Maduro não cai? Toda a elite ganha com todos os tipos de crimes - Jackson Diehl (WP)

The real reason Venezuela’s Maduro survives: Dirty money

Deputy Editorial Page Editor
When asked to explain why their efforts to oust Venezuelan President Nicolás Maduro have fallen short, Trump administration officials typically cite the sinister influence of Cuba and Russia, which they say has stiffened the regime’s resistance. What they don’t speak about so much is a possibly more important factor: the Cartel of the Suns .
That colorful term refers to the drug-trafficking network that each year flies hundreds of tons of Colombian cocaine from Venezuelan airfields to Central America and the Caribbean for eventual distribution in the United States and Europe — and that includes some of the most senior officials in the Maduro regime. These men are not clinging to power because they are true believers in socialism, or because of their fealty to Vladimir Putin and Raúl Castro. They hang on because, in spite of Venezuela’s economic implosion, they are still reaping millions — and they are likely to find themselves imprisoned in Venezuela or the United States if they walk away.
Cocaine trafficking is just one of a host of criminal activities in which the elite of Hugo Chávez’s “Bolivarian revolution” are immersed. There is also illicit gold and iron mining; fraudulent oil sales; rake-offs from food and medicine imports; and corrupt currency trading. Maduro and everyone near him, including his wife, his No. 2, and the ministers of interior and industry, are up to their necks in it.
Though both the Trump administration and Maduro’s far-left foreign defenders prefer to describe the Venezuelan crisis in political terms, the reality is that the regime is less a government — much less a socialist one — than a criminal gang. That has two consequences that are complicating its removal. First, the money it is reaping from criminal activity is serving as a prop that allows it to survive U.S. sanctions.
Perhaps more importantly, the toxic taint on almost every top official makes it much harder to pursue the usual formulas for a peaceful transition, including the creation of a transitional government and amnesty for those who step down.
The collapse of Venezuela’s regular economy has created dire shortages of food, water, medicine and power, and caused more than 10 percent of its 30 million people to flee the country. Yet the illicit revenue pouring in for Maduro’s clique appears to be increasing. A recent CNN report said drug flights from Venezuela had risen from about two per week in 2017 to nearly daily in 2018; it cited one U.S. official as saying there had been up to five flights per night this year. In 2018, an estimated 265 tons of Colombian cocaine, with a street value of $39 billion, was trafficked through Venezuela, the report said.
Another new study prepared for the National Defense University by Douglas Farah and Caitlyn Yates found that even while the Maduro regime sold 73 tons of gold in Turkey and the United Arab Emirates last year to raise cash, its reserves grew by 11 tons — the likely result of illegal gold mining, including by Colombian rebel groups based in Venezuela and allied with the regime. Those sales could have raised close to $3 billion, more than enough to fund the security forces and paramilitary groups still loyal to Maduro.
Farah and Yates describe the Venezuelan regime as part of a regional network they call the Bolivarian Joint Criminal Enterprise, a “consortium of criminalized states and nonstate actors.” They identified 181 individuals and 176 companies in 26 countries linked to Venezuelan criminal activity. Thanks to this enterprise, they say, “the Maduro regime has not collapsed and may not for a significant period of time. . . . The network’s ability to adapt and diversify their criminal portfolio means that money continues to flow into the regime’s coffers.”
In theory, the Venezuelan opposition, the Trump administration and others seeking to leverage Maduro out could resolve to forgive all this. The opposition has spoken about amnesty for military leaders who turn on the regime, and last week, the Treasury Department lifted sanctions from Venezuela’s intelligence chief after he defected.
As a practical matter, however, it’s hard to imagine most of the Maduro mafia simply walking away. At least two of its capos have been indicted by U.S. federal grand juries. Another, former general Hugo Carvajal, defected to Spain last month — and was promptly jailed on a U.S. extradition request. He faces federal cocaine smuggling charges.
Some opposition leaders and foreign governments are hoping to broker a transitional administration that includes regime figures. But, as veteran opposition activist María Corina Machado told The Post, “you cannot have drug trafficking kingpins . . . you cannot have individuals who are part of the mafia in gold trafficking, oil trafficking and gas trafficking, or food mafias.” That, alas, may exclude just about everyone with the power to bring about a peaceful change in Caracas.


sábado, 20 de abril de 2019

Venezuela: embaixador russo rejeita a nova versão da doutrina Monroe de John Bolton (AP)

Putin envoy in Caracas rejects US revival of Monroe Doctrine

CARACAS, Venezuela (AP) — As Venezuela’s reliance on Russia grows amid the country’s unfolding crisis, Vladimir Putin’s point man in Caracas is pushing back on the U.S. revival of a doctrine used for generations to justify military interventions in the region.
In a rare interview, Russian Ambassador Vladimir Zaemskiy rejected an assertion this week by U.S. National Security Adviser John Bolton that the 1823 Monroe Doctrine is “alive and well.”
The policy, originally aimed at opposing any European meddling in the hemisphere, was used to justify U.S. military interventions in countries including Cuba, Nicaragua, the Dominican Republic and Grenada, but had been left for dead by recent U.S. administrations trying to turn the page on a dark past.
“It’s hard to believe that the U.S. administration have invented a time machine that not only allows them to turn back the clock but also the direction of the universe,” the 66-year-old diplomat told The Associated Press this week.
In an example of how the Cold War-like rhetoric on all sides of Venezuela’s crisis has quickly escalated, the ambassador compared hostile comments by Bolton, Secretary of State Mike Pompeo and Republican Sen. Marco Rubio to those of the al Qaeda leaders behind the Sept. 11, 2001, terrorist attacks.
“Their obsession in imposing their will, in this case on Venezuela’s internal affairs, reminds me of the declarations of the leaders of al Qaeda, who in carrying out the attack on the Twin Towers also tried to position themselves as the only bearers of the truth,” said Zaemskiy, who was senior counselor at Russia’s mission to the United Nations on 9/11. “The history of humanity has shown that none of us are.”
Those specific, written remarks were prepared ahead of the interview.
While the Trump administration led a chorus of some 50 nations that in January recognized opposition leader Juan Guaidó as Venezuela’s rightful leader, Putin has steadfastly stood by Nicolás Maduro, sending planeloads of military personnel and blocking condemnation of his government at the U.N. Security Council.
In a speech this week commemorating the anniversary of the disastrous CIA-organized invasion of Cuba in 1961 by exiles opposed to Fidel Castro’s revolution, Bolton warned Russia against deploying military assets to “prop up” Maduro, considering such actions a violation of the Monroe Doctrine.
What the U.S. considers Russia’s destabilizing support for Maduro hit a high point in December when two Russian bombers capable of carrying nuclear weapons touched down in Caracas. Then, last month, dozens of uniformed personnel arrived to service Sukhoi fighter jets and an S-300 missile system.
Zaemskiy said such military cooperation is perfectly legal and has been taking place for years — ever since the U.S. in 2006 banned all arms sales to the South American country. But he said the alliance has taken on added importance as the Trump administration repeatedly insists that a “military option” to remove Maduro remains on the table.
He was unwilling to say how far Russia would go to thwart an eventual U.S. attack, saying that as a diplomat he’s an optimist.
“I firmly believe that in the end reason will prevail and no tragedy will take place,” he said.
The soft-spoken, bookish Zaemskiy has specialized in Latin America since his days working for the Soviet Union and was posted to Washington for the first of two U.S. tours when the Cold War ended.
Because of his strong Spanish and English, he was a note-taker at the U.N. in September 2000 when Maduro’s mentor and predecessor Hugo Chavez met Putin for the first time. He said he recalls Chavez complaining to the newly elected Putin about the need to raise oil prices, then near three-decade low. The two petroleum powers gradually cemented a political, military and economic alliance over the next few years as oil prices surged to an all-time high, bringing riches to both.
Western diplomats describe Zaemskiy as an astute and affable interlocutor who even U.S. diplomats and leaders of the opposition are known to consult. He’s also the dean of foreign diplomats in Caracas’ dwindling diplomatic community, having presented his credentials in September 2009 — a few weeks before another staunch government ally, Cuban Ambassador Rogelio Polanco.
The aquamarine-colored Russian Embassy, where Zaemskiy also lives, was a mid-century mansion purchased in the 1970s from a wealthy military colonel trained in the U.S. It lies in the shadow the hilltop U.S. Embassy, whose flagpole has been bare since the last American diplomats pulled out of the country last month amid a feud with Maduro over its recognition of Guaidó.
He acknowledged that with hyperinflation raging and many goods in short supply, Venezuela is in a “very difficult” situation. Echoing Maduro, he blamed U.S. sanctions, as well as the stifling of private investment.
His first tour in Venezuela as a protocol officer came from 1976 to 1979, when modern skyscrapers paid for by a flood of petrodollars transformed Caracas’ skyline even as many outside the capital lived in what he described as a semi-feudal state. Zaemskiy said the legacy of Chavez’s economic and political revolution — that it restored dignity to the poor — remains intact.
“It’s perfectly clear to me that the economic situation of the country has deteriorated a great deal,” he said. “The way forward is to open more opportunities for the private sector, which still has a big role to play in the country and should be allowed to demonstrate that” — seemingly a veiled criticism of Maduro’s constant squeeze on private businesses.
To break the current stalemate, he urged something the government’s foes have so far rejected: burying the past and starting negotiations, perhaps with the mediation of the Vatican or U.N.
The U.S. and opposition insist that past attempts at dialogue have only served to give Maduro badly needed political oxygen while producing no progress.
“The lack of confidence is a problem on both sides, which is why they should think together on some innovative ways to create reassurances in this process,” he said. “To simply reject the possibility of dialogue and repeat that the only way forward is the ‘end of usurpation’ as the opposition says, won’t lead anywhere.”
Despite such outward care for Maduro, some have questioned the depth of Russia’s support.
Russia is major investor in Venezuela’s oil industry, but those interests have been jeopardized since the Trump administration in January imposed sanctions on state-run oil giant PDVSA and even went after a Moscow-based bank for facilitating its transactions. At the same time PDVSA last month moved its European headquarters to Moscow from Lisbon, Gazprombank said it was pulling out of a joint venture with the company, Russian state media reported.
“The core value of Russia’s association with Chavismo is a challenge to U.S. prerogatives in its supposed backyard,” said Ivan Briscoe, the head in Latin American for the Crisis Group, a Brussels-based think tank. “That said, Russian diplomacy is nothing if not realistic. They know Venezuela is plunging into an economic abyss with tragic humanitarian consequences. When the moment comes and tensions reach a height, they are likely to help negotiate a settlement, but will aim to exact the highest price they can.”
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terça-feira, 16 de abril de 2019

Ernesto Araujo deu mais uma de Ernesto Araujo - Os Divergentes

Ernesto Araújo deu mais uma de Ernesto Araújo

Foto Marcelo Camargo/Agência Brasil
O Chanceler enviou, ontem, dia 15, a todos os embaixadores no exterior, uma circular instruindo-os a denunciar o “apoio diplomático e operacional” que, segundo ele, o governo de Cuba tem dado a Nicolás Maduro, na Venezuela.
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A instrução informa que o Brasil e os EUA decidiram unir-se para, de forma coordenada, “condenar o apoio militar e de inteligência oferecido por Havana à sustentação de Nicolás Maduro no poder.”
Araújo instrui os embaixadores a contatarem os governos junto aos quais são credenciados, para informar-lhes que Maduro recebe “proteção direta” de “conselheiros militares e de serviço de inteligência cubanos, em vários níveis”. O Chanceler acredita que “uma campanha internacional de pressão diplomática sobre Cuba poderá contribuir para a cessação do auxílio de Havana a Caracas.
Ministro das Relações Exteriores, embaixador Ernesto Henrique Fraga Araújo. Foto Orlando Brito
Araújo determina que os embaixadores brasileiros deverão “instar” as autoridades estrangeiras a “condenar, com veemência, o protagonismo de Cuba no prolongamento da crise venezuelana”, e diz que essa condenação deve ser feita “por meio de declarações em foros regionais e multilaterais – e mesmo em tratativas diretas com o governo cubano.”
No final, determina que os embaixadores deverão cumprir essas instruções “em coordenação” com a embaixada dos EUA em cada capital, embora a circular indique que “as gestões não devem ser necessariamente conjuntas”.
Muitos dos destinatários da circular estão pasmos e aturdidos, principalmente pela ausência de um estilo diplomático adequado. Para esses diplomatas, apresentar a posição do Brasil sobre a influência cubana na Venezuela é algo cabível.
Pedir, com muita diplomacia, a adesão de um governo estrangeiro à posição brasileira, é um disparate – embora aceitável em casos extremos. Mas “instar” um governo estrangeiro a “condenar” Cuba “com veemência” é uma completa loucura. Só mesmo um despreparado que hoje ocupa o cargo de Ministro das Relações Exteriores poderia imaginar isso.
Mesmo aqueles que cumpririam, de bom grado, essa instrução, reclamam da forma como ela foi redigida. Esses embaixadores tem a certeza que o texto não foi escrito no Itamaraty.
As hipóteses variam: o documento pode ter saído do gabinete do deputado Eduardo Bolsonaro; da assessoria internacional da presidência da República, da cabeça de Olavo de Carvalho. Ou mesmo da CIA.
Eles consideram que a circular é inepta, ao apresentar uma denúncia repleta de generalidades, sem oferecer qualquer detalhe (fatos, nomes, datas, lugares).
Mesmo os embaixadores mais conservadores e convictos da “nefasta” influência cubana na Venezuela gostariam de receber um texto mais consistente.
Uma retórica vazia serve apenas para enfraquecer o argumento brasileiro – pensam eles.

segunda-feira, 25 de março de 2019

E agora, com voces, o chanceler paralelo; mas não, é o verdadeiro - Gilvandro Filho

Eduardo Bolsonaro é mais que um chanceler. É um conflito diplomático

Por Gilvandro Filho, do Jornalistas pela Democracia 
23 de Março de 2019 

De tudo o que o governo de Jair Bolsonaro tem de indigesto para oferecer ao País – e não é pouco -, a delegação irresponsável de poder que é outorgada aos filhos do presidente ultrapassa os limites do tolerável. Pior, está se tornando muito mais que algo simplesmente nocivo. Em alguns casos, a coisa ameaça descambar para o incidente diplomático. Pelo que faz e acontece o “número 02” dos primeiros-filhos de Bolsonaro, a coisa não pode acabar bem. Eduardo Bolsonaro é um perigo iminente para o próprio pai, para o cambaleante governo e para o Brasil.
A imagem do deputado federal sentado no sofá da Casa Branca, em uma reunião privada do presidente-pai com o presidente-ídolo, foi uma das cenas mais estapafúrdias que a diplomacia brasileira já produziu. Bolsonaro, o pai, barrou do encontro o seu próprio chanceler, o inexplicável Ernesto Araújo, para levar o filho. E o fez, segundo disse, a convite do próprio Donald Trump. Se Araújo ainda está no cargo, só mesmo a falta de noção e de amor próprio do auxiliar deve conseguir justificar.
Jair Bolsonaro tem um filho para cada área-problema. Cada um deles com um potencial de inconveniências, o que já era mais ou menos previsto durante a campanha eleitoral. Os três já se prenunciavam os “donos” da República que viriam a ser. Mas ultrapassaram as piores expectativas. Nada é tão ruim que não possa, um dia, piorar. Eles ratificaram a máxima.
O mais velho, o ex-vereador do RJ e hoje senador Flávio, viria a mostrar-se entrosados com figuras do crime organizado do Rio de Janeiro. Já havia homenageado miliciano e, no poder, fez nascer a primeira personagem-problema do governo, o assessor-pagador-amigo de fé-irmão-camarada Fabrício Queiroz, até hoje livre, leve e solto pela falta de um juiz de primeira instância com coragem e com vontade de mostrar serviço, como parecia haver no passado.
O mais novo e mais querido é Carlos, o Carlucho, hoje vereador do RJ, é assessor para assuntos aleatórios, gerais e pessoais. Acompanha o pai em situações de extrema intimidade, como cuidar do pai durante o internamento deste, após a cirurgia no Hospital Albert Einstein, o que é plenamente justificável. Ou em outras cujo cabimento é questionável, como sentar no assento de trás do Rolls-Royce presidencial, com os pés no banco, em pleno percurso da posse presidencial.
(Conheça e apoie o projeto Jornalistas pela Democracia)
Mas em termos de criar problema internacional, o cara é Eduardo. Deputado federal, conseguiu se encaixar no posto de presidente da Comissão de Relações Externos da Câmara dos Deputados, o que que lhe confere um certo álibi para viajar pelo mundo à cata de situações que acabam colocando o País em exposição desairosa. Desembarca em aeroportos com boné de propaganda de Trump como se fossem as orelhas de Mickey. Antecipa acordos políticos com Israel. E é, atualmente, a figura central da participação brasileira da possível guerra contra a Venezuela, ação criminosa que Trump e seus aliados cuidam para curto prazo.
A atuação, ou intromissão, de Eduardo Bolsonaro na área faz a importância do chanceler Ernesto Araújo ser muito menor que a dos juncos do jardim suspenso do Itamaraty. Com todo respeito à função dos juncos e das demais plantas do belo espelho d’água que margeia o palácio.
A brincadeira da hora do filho do meio é mesmo a guerra contra a Venezuela. Com aval do pai, diga-se de passagem, ele se diverte expelindo intenções bélicas, no que acaba falando em nome do governo brasileiro, embora não devesse. Faz eco a Trump e seus senhores da guerra e influencia o pai-presidente na formação de um campo de batalha que não lhe compete.
Mas, é impossível para os Bolsonaro aceitarem que esta guerra contra a Venezuela não é nossa. E que, no futuro, estará aberto um flanco enorme que vai acabar por nos engolir. Ou será que a concessão aos americanos da Base Militar de Alcântara não significa nada? Ou que o pré-sal não poderá ser, daqui a pouco, pretexto similar ao que é hoje o petróleo venezuelano para Trump?
Na sexta-feira (22), o nosso “ministro informal” das relações exteriores previu que, “de alguma maneira”, o “uso da força” será utilizado pelo Brasil e pelas Forças Armadas, no conflito venezuelano, que já dá como certo. A declaração, ele deu no Chile, onde o pai participava da formação de um perigoso (este sim) bloco de extrema-direita com países alinhados aos Estados Unidos e dispostos a pegar em armas para tirar do poder o governo legitimamente eleito de Nicolás Maduro.
À primeira vista, a impressão é de que Eduardo Bolsonaro não passa de um menino doido para brincar de guerra. E que o pai já lhe comprou o brinquedo.

domingo, 3 de março de 2019

Contra o consenso "tradicional" na politica externa - artigo do chanceler

O chanceler do governo Bolsonaro, Ernesto Araujo, acaba de publicar um artigo em seu blog, "Metapolítica 17: Contra o Globalismo", respondendo às acusações de que ele estaria rompendo o "consenso" na política externa, com o que ele concorda, mas seria o consenso que teria levado o lulopetismo ao poder, e depois a tolerância com a preservação de laços com regimes ditatoriais na região.
No que me concerne, não me sinto atingido por acusações deste tipo: 
"Alguns apoiaram abertamente o chavismo. Outros fingiram que foram contra mas não fizeram nada de concreto."
Se existe algo de que posso me orgulhar é, antes mesmo que começasse o regime lulopetista no poder, eu já tinha denunciado, em artigos anteriores a 2003, o caráter anacrônico do esquerdismo do PT, seus equívocos não apenas em políticas econômicas, mas também em política externa.
Não foi por outro motivo que estive num completo ostracismo durante os 13 ANOS do regime companheiro, sem JAMAIS ter QUALQUER CARGO na Secretaria de Estado, uma longa travessia do deserto que durou exatamente o dobro de meu exílio voluntário durante a ditadura militar, à qual eu também me opus, e por isso fiquei fora do país de 1970 a 1977. Pois durante o regime lulopetista, permaneci na geladeira, num exílio totalmente involuntário, durante toda a sua duração, só sendo chamado novamente a trabalhar na Secretaria de Estado depois do impeachment de Madame Pasadena.
Quanto a Chávez, também não tenho nenhum adesão a nenhum consenso: denunciei antecipadamente o desastre que se preparava, e durante todos esses anos fui um dos poucos diplomatas a revelar o caráter profundamente corrupto daquele regime, aliás também em relação aos lulopetistas, pois os chamava de corruptos e ineptos.
Tenho uma outra visão da diplomacia brasileira, tanto a "tradicional" quanto a supostamente "consensual" que é denunciada na matéria abaixo. Mas vou ainda formular meus argumentos a respeito.
No momento, limito-me a transcrever o artigo do chanceler.
Paulo Roberto de Almeida
Brasília, 4/03/2019

Contra o consenso da inação
Ernesto Araújo
Metapolítica 17: contra o globalismo, 3/03/2019

A política externa brasileira foi uma política de “consenso” nos últimos 25 anos porque refletiu um consenso mais amplo, o consenso na base do sistema político que ameaçou sufocar a nação brasileira com a corrupção e a estagnação econômica, a crise moral e o enfraquecimento militar, o apequenamento internacional, o descaso pelos sentimentos do povo brasileiro.
Os brasileiros rejeitaram esse consenso nas urnas, em outubro de 2018, ao escolher o único candidato que se ergueu contra o sistema. Insistir agora em que esse consenso continue a prevalecer na esfera da política externa, por temor e preguiça, sob o pretexto de “manter as tradições”, seria trair o povo brasileiro.
O “consenso” na política externa, com sua “maturidade” e “equilíbrio”, permitiu ao longo desse período a subida de Chávez na Venezuela, o predomínio crescente do bolivarianismo na América do Sul concebida como um bloco socialista, a consolidação de Chavez e Maduro no poder, a corrosão progressiva de todos os elementos do Estado Democrático de Direito naquele país, sua entrada no Mercosul a ponto de quase destruir o bloco, a deliberada política do regime de Caracas de criar miséria para reforçar o controle sobre a sociedade – tudo isso sob as barbas do nosso “consenso”. Alguns apoiaram abertamente o chavismo. Outros fingiram que foram contra mas não fizeram nada de concreto. Aquilo que parecia haver de defesa da democracia na política brasileira para a Venezuela no último governo extinguiu-se completamente, entre sorrisos, em setembro de 2018, na reunião de Aloysio Nunes com o chanceler de Maduro em Nova York, onde o lado brasileiro aceitou na prática a normalização das relações com a Venezuela sob o pretexto de que “é um país com o qual fazemos fronteira”. Se permanecesse aquele maravilhoso consenso, não haveria hoje um pingo de esperança para a Venezuela, e Maduro estaria firme, sem qualquer receio de perder o poder, sorrindo ao ver as crianças venezuelanas comerem lixo.
Eu vi com meus próprios olhos essas crianças e seus pais, nas fronteiras da Colômbia e do Brasil com a Venezuela. Eu ouvi os venezuelanos em Cúcuta gritando “obrigado Brasil” e apertei suas mãos, eu escutei suas vozes rasgadas de esperança, gritando “Venezuela libre!” e gritei junto com elas. Eu senti o seu enorme anseio de que agora, finalmente, graças em grande parte ao novo Brasil, os venezuelanos possam recuperar sua pátria e sua dignidade humana, com o fim iminente da ditadura. Eu abracei Juan Guaidó, esse líder destemido que, sob risco de vida, corporifica o sonho de uma nova Venezuela, vi os índios pemones que viajaram até Brasília, grande parte do trajeto a pé, e saudaram Guaidó em frente ao Itamaraty, e entoaram um cântico por seus parentes massacrados por Maduro – tudo isso enquanto Rubens Ricúpero e Fernando Henrique Cardoso escreviam seus artigos espezinhando aquilo que não conhecem, defendendo suas tradições inúteis de retórica vazia e desídia cúmplice.
O Presidente Bolsonaro e eu estamos, sim, rompendo esse consenso infame. Estamos rompendo com a tolerância irresponsável que ajudou a acobertar os crimes do regime chavista-madurista, e que continuaria acobertando até hoje, se o sistema que vinha governando o Brasil permancesse no poder.
A esperança de uma nova Venezuela não existiria sem o novo Brasil. A atuação do Brasil no Grupo de Lima em 4 de janeiro, a organização do encontro das forças de oposição em Brasília em 17 de janeiro, a denúncia do genocídio silencioso praticado por Maduro por meio da nota do Itamaraty igualmente de 17 de janeiro, o respaldo ao Tribunal Supremo de Justiça legítimo da Venezuela que avaliza constitucionalmente o processo, o reconhecimento de Guaidó como Presidente Encarregado em 23 de janeiro – todas essas iniciativas da nova política externa brasileira, que o Presidente Bolsonaro me deu a honra de conduzir, foram decisivas para acender a esperança que vi brilhar nos olhos das pessoas de carne e osso, e que contagiou toda a região, que colocou a barbárie do regime madurista sob os olhos de todo o mundo. Segundo me confidenciou pessoalmente uma grande liderança democrática venezuelana, foram as iniciativas do Brasil que mudaram o jogo e mobilizaram os próprios Estados Unidos a romperem a inércia em que se encontravam até o início de janeiro e a virem colocar seu peso político em favor da transição democrática. Não foi o Brasil que seguiu os EUA, mas antes o contrário. Quem não acreditar, pergunte aos venezuelanos que lutam por sua pátria, e que passarão à história como heróis da liberdade. Perguntem a eles o que acham da política externa de Bolsonaro. Perguntem aos venezuelanos expulsos de seu país pela fome e pela tristeza e que agora sentem-se à beira de poder voltar para casa. Perguntem a eles, e não aos comentaristas de política externa, não aos ex-presidentes e ex-ministros do “grande consenso” da inação e da mediocridade.
Perguntem a eles se me veem como a caricatura de um guerreiro medieval com a cruz de Cristo no peito (da qual aliás muito me orgulho) ou simplesmente como um homem que, com todas as sua limitações, está trabalhando para defender a democracia, em benefício de toda a região, essa democracia de que os críticos de Bolsonaro tanto falam mas pela qual nada fazem nunca.
Agora vem FHC, com o mais surrado dos artifícios retóricos: a criação de uma falsa dicotomia. Segundo ele, as únicas opções são o prosseguimento do “consenso” ou a intervenção armada na Venezuela. Não, não são as únicas. Ao contrário de FHC, eu acredito na diplomacia, porque acredito na força da palavra e do espírito humano para mudar a realidade, porque não sou cínico nem materialista, porque acredito no povo brasileiro, esse povo dos “grotões” que FHC abertamente desprezava (assim como desprezava e despreza os eleitores de direita que o fizeram presidente duas vezes), e acredito que este povo tem em suas mãos um destino imenso capaz de mudar o mundo, começando por ajudar na libertação do povo-irmão venezuelano.
Nessa libertação, o sentimento de solidariedade humana para com os venezuelanos coincide com o interesse nacional brasileiro. Uma Venezuela eternamente chavista-madurista, vivendo do narcotráfico, albergando terroristas de toda estirpe, armando milícias criminosas, financiando crime organizado e movimentos pseudo-sociais em território brasileiro, expulsando seu próprio povo pela fome e pela doença, essa Venezuela seria uma ameaça permanente e tremenda à segurança do Brasil e dos brasileiros. Fazer algo efetivo a respeito, contribuir para uma Venezuela democrática, é algo que a melhor tradição diplomática brasileira exige e impõe. Estamos restaurando a verdadeira tradição diplomática brasileira, a tradição de um país livre, soberano, orgulhoso de si mesmo, consciente de sua capacidade e sua responsabilidade de contribuir para o bem da humanidade.
 [FIM]