Mostrando postagens com marcador Adam Smith. Mostrar todas as postagens
Mostrando postagens com marcador Adam Smith. Mostrar todas as postagens

sábado, 21 de março de 2026

Adam Smith and The Wealth of Nations at their 250 years - Liberty Fund and Cato.org

 Adam Smith and The Wealth of Nations at their 250 years

A selection of articles
A brief selection of articles based on only two sources: Liberty Fund and Cato.org

Adam Smith: Liberty Fund

Introduction:
How do systems of political economy shape a nation’s understanding of wealth, and why do policies built on protection and privilege persist despite their economic costs?
“Money, on the contrary, is a steady friend, which, though it may travel about from hand to hand, yet if it can be kept from going out of the country, it is not very liable to be wasted and consumed.” - Adam Smith
As part of our ongoing series marking the 250th anniversary of The Wealth of Nations, we turn this week to Book IV and Adam Smith’s critique of mercantilism. Rather than taking trade policy at face value, Smith examines the systems of political economy that shaped how nations pursue wealth, revealing how mercantilist thinking often rests on misunderstandings about trade, value, and national prosperity. The essays and conversations gathered here explore how some frameworks elevate privilege and protection and why a more open, competitive order offers a stronger foundation for flourishing.

Articles:

A Knack for Synthesis
James E. Hartley, Law & Liberty
https://libertyfund.us17.list-manage.com/track/click?u=4f34889c6d4b9694383c21088&id=51f7be118b&e=30e5660eff
This essay revisits Smith not just as a sharp observer of economic life, but also as a thinker who connected those insights into an explanation of how prosperity emerges. While he recognized the self-interest and collusion of merchants, he also showed how competition, specialization, and exchange can transform those motives into broader well-being. In light of this issue’s focus on systems of political economy, it underscores that outcomes depend on whether institutions foster open competition or protect privilege.


Exemption is the New Privilege
Peter Calcagno, Adam Smith Works
https://libertyfund.us17.list-manage.com/track/click?u=4f34889c6d4b9694383c21088&id=4d5f9d2be3&e=30e5660eff
Adam Smith’s critique of mercantilism reveals how systems of political economy are often shaped less by the public good than by the interests of those positioned to benefit. In Book IV of The Wealth of Nations, he shows how tariffs and trade restrictions emerge from merchants seeking to limit competition and secure advantage, even at the expense of broader prosperity. His analysis remains a powerful lens for understanding how privilege and protection distort markets and continue to shape modern debates over trade and policy.


Adam Smith's Warnings about Exceptions to Free Trade
Caleb Petitt, Adam Smith Works
https://libertyfund.us17.list-manage.com/track/click?u=4f34889c6d4b9694383c21088&id=d13b93e831&e=30e5660eff
Free trade emerges here not as an absolute rule but as a principle that must be applied with care. Limited exceptions for defense or tax parity may be justified, yet they carry the constant risk of expanding into broader systems of protection that serve narrow interests. In the context of this issue’s focus on political economy, it highlights a central tension: how easily policies meant to correct distortions can instead recreate them.


Educational Experience and the Challenge to Empire
David Womersley, Liberty Fund
https://libertyfund.us17.list-manage.com/track/click?u=4f34889c6d4b9694383c21088&id=d66dcea9af&e=30e5660eff
The convergence of 1776’s great works highlights a shared scepticism toward empire and the systems that sustain it. This critique of political economy reveals how mercantilism and imperial ambition rest on economic confusion, moral compromise, and policies that ultimately harm both the governed and the governing. Read alongside Gibbon and the Declaration of Independence, it reinforces this issue’s theme: systems built on domination and privilege undermine the very prosperity and flourishing they claim to advance.


A Brief History of International Trade Policy

Douglas A. Irwin, Econlib
https://libertyfund.us17.list-manage.com/track/click?u=4f34889c6d4b9694383c21088&id=d1e756bfda&e=30e5660eff
Debates over trade policy have long balanced broad gains against concentrated losses, a tension that runs from ancient thought to modern economics. This essay traces how mercantilist ideas gave way to a deeper understanding of specialization and exchange, while showing why resistance to trade persists. In line with this issue’s focus on political economy, it highlights a recurring pattern: systems that restrict trade often endure not because they work, but because they serve powerful interests.

==============

Adam Smith: El Cato – Thousands of articles, via Search:
https://www.elcato.org/search/google/Adam%20Smith

Adam Smith y el taoísmo de mercado - ElCato.org
elcato.org › adam-smith-y-el-taoismo-de-mercado
11 mar 2026 ... Adam Smith · La doctrina de la mano invisible de Adam Smith · Aunque Smith solo utilizó el término "mano invisible" una vez en su obra La riqueza ...

¡Viva Adam Smith! | elcato.org
elcato.org › viva-adam-smith
15 jun 2023 ... No sabemos el día en que nació, pero Adam Smith fue bautizado alrededor de estas fechas hace 300 años. Desde entonces, las ideas de quien es ...

Adam Smith - ElCato.org
elcato.org › quotation-author › adam-smith
"No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés". Adam Smith. "Hemos ...

Los 300 años de Adam Smith - ElCato.org
elcato.org › los-300-anos-de-adam-smith
5 jun 2023 ... Iván Alonso conmemora el natalicio de Adam Smith, más conocido por la idea de la "mano invisible", cuyo funcionamiento es posible gracias a ...

El verdadero Adam Smith - ElCato.org
elcato.org › el-verdadero-adam-smith
5 ene 2016 ... Hernán Bonilla explica que "El mensaje de Smith, por tanto, dista mucho de la caricatura que hacen sus adversarios. Es que el liberalismo es ...

Las dos caras de Adam Smith - ElCato.org
elcato.org › las-dos-caras-de-adam-smith
22 nov 2005 ... "Uno y otro —bolchevismo y fascismo— son dos seudoalboradas; no traen la mañana de mañana, sino la de un arcaico día, ya usado una o muchas ...

Adam Smith y el monopolio - ElCato.org
elcato.org › adam-smith-y-el-monopolio
hace 2 días ... Iván Alonso explica que los monopolios que a Adam Smith le preocupan son los que se asientan en el privilegio o el favor político.

La moralidad y el mercado en Smith - ElCato.org
elcato.org › la-moralidad-y-el-mercado-en-smith
1 ago 2025 ... Gabriela Calderón de Burgos comenta las figuras menos célebres en la obra de Adam Smith, la del "espectador imparcial" y aquella de la ...

Adam Smith y su política pública para la educación - ElCato.org
elcato.org › adam-smith-y-su-politica-publica-para-la-educacion
29 jun 2016 ... Smith señala que históricamente la educación no había sido financiada mediante el ingreso fiscal. En la Grecia y Roma antiguas los filósofos y ...

Adam Smith, más allá del propio interés - ElCato.org
elcato.org › adam-smith-mas-alla-del-propio-interes
3 feb 2012 ... En tercer lugar Smith no postuló que todo el comportamiento humano se ajusta a la búsqueda del propio interés. De hecho Smith escribió La teoría ...

A 250 años, ¿qué pensarían?
Leonidas Montes dice que Adam Smith y los "Founding Fathers" de Estados Unidos deben estar celebrando el reciente fallo de la Corte Suprema de los Estados Unidos contra los aranceles por emergencia nacional.
El Cato Institute, 19/03/2026
https://www.elcato.org/250-anos-que-pensarian?mc_cid=15c6a0e55e&mc_eid=19e757ffce
El inicio del nuevo gobierno ha transmitido un nítido sentido de urgencia. La construcción de la zanja y la captura de casi tres mil prófugos son solo un ejemplo. Y la oposición aparece literalmente desconcertada. El desenlace de las negociaciones parlamentarias es la mejor prueba. Incluso en el férreo PC chileno, mientras la vieja Cuba revolucionaria agoniza, asoman grietas. Otro logro no intencionado de Boric fue dejar una izquierda confundida, fragmentada y sin rumbo. Pero estas son nimiedades si vemos lo que está pasando en el mundo.
Hace 250 años se publicaba La riqueza de las naciones, de Adam Smith, y comenzaba la independencia de los Estados Unidos. Si la obra cumbre del escocés delineó lo que sería el futuro, en el norte de América se les dio cuerpo a esos ideales. Ambos hechos históricos nos llevan a preguntarnos por el mundo en el que vivimos. ¿Qué pensarían Adam Smith y los founding fathers (padres fundadores) de todo esto?
Partamos por el intercambio y el comercio. Según Smith, la economía descansa en nuestra propensión a intercambiar. Con la ampliación del mercado, la libertad para intercambiar favoreció a la gran mayoría. Y así como las personas nos beneficiamos con el intercambio, los países también lo hacen con el comercio.
En una época donde el mercantilismo definía las políticas económicas, Smith echa por la borda todo lo que se pensaba sobre economía. La receta mercantilista era que los países debían maximizar sus reservas. Y para hacerlo había que preocuparse del superávit comercial exportando mucho e importando poco. Este principio exigía promover la industria doméstica y fijar altas tarifas de importación. Smith aclara que, si una persona es rica por la cantidad de dinero que tiene, un país no es rico por sus reservas. La riqueza de una nación —recuerde el título de su libro— está en la capacidad productiva de los individuos. Así, el foco cambia del dinero a las personas.
Hoy estos postulados se han visto amenazados por la arbitraria y caprichosa imposición de tarifas a decenas de países, que nos recuerda al mercantilismo. Afortunadamente, un reciente fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos rechazó el uso que hizo Trump de una ley destinada a situaciones de emergencia nacional para aumentar los aranceles. Adam Smith y los founding fathers deben estar celebrando este fallo. Los checks and balances (pesos y contrapesos) que tanto promovieron vuelven a jugar su rol. Bien sabían que el poder corrompe. Y que la división de poderes entre el Ejecutivo, los tribunales y el Congreso ayuda a mantenerlo a raya.
Ahora bien, ¿qué pensarían de un presidente de los Estados Unidos que a ratos parece querer jugar al “Monopoly” con el mundo? Es cierto que enfrentamos un nuevo orden mundial, que la amenaza de China es real y que Rusia invadió a Ucrania poniendo al mundo en jaque. Pero la ofensiva contra Irán ha abierto flancos inesperados. La mano invisible, que también encarna las consecuencias no intencionadas, podría jugar nuevamente su rol. Si la Corte Suprema golpeó la mesa, quizá pronto llegará el turno del Congreso. La reciente renuncia del jefe antiterrorista, un fiel trumpista, es una señal en esa dirección.
Los americanos pueden entender y celebrar lo que se hizo en Venezuela y lo que podría pasar en Cuba, pero el Medio Oriente es harina de otro costal. Si la guerra se alarga y los precios del petróleo suben, la popularidad de Trump sufrirá. Y si eso sucede, será el turno del Congreso. Las elecciones legislativas de noviembre (las midterm elections) pueden darnos una sorpresa. Sería otra manifestación de la mano invisible de Adam Smith y de los checks and balances de los founding fathers. Todos ellos, hace ya 250 años, dibujaron los contornos de nuestra democracia liberal. Ojalá sigan haciéndolo.

Este artículo fue publicado originalmente en El Mercurio (Chile) el 19 de marzo de 2026.


domingo, 15 de março de 2026

Um livro majestoso: A Riqueza das Nações, de Adam Smith - Pedro Paulo Pimenta (Quatro Cinco Um)

Um livro majestoso
Nova tradução restitui o espírito e a letra de uma das obras fundadoras do pensamento liberal
Pedro Paulo Pimenta
Quatro Cinco Um, a revista dos livros, 01JAN2023
https://quatrocincoum.com.br/resenhas/economia/um-livro-majestoso/


Publicada em 1776, A riqueza das nações logo se tornou referência no debate político e econômico, de Londres à Paris da Revolução, da Europa às colônias americanas. A crítica ao sistema mercantilista, a defesa do livre-comércio, sua censura ao tráfico negreiro e ao trabalho escravo e a ampla discussão sobre a arrecadação e o gasto público deram novos ares à sisuda ciência econômica praticada pelos fisiocratas e outros contemporâneos. Por um curto período, a economia se tornou, graças a Smith, uma ciência crítica: dos preconceitos e das paixões humanas, mas, sobretudo, de seus próprios princípios, a serem revisados e renovados à luz da experiência histórica. Quando se pôs a escrever, Smith não pensava em inaugurar uma ciência “exata” e “sólida”, concebida nos moldes da matemática (a economics tal como a conhecemos). Considerou a economia sob a rubrica da jurisprudência, ciência que estuda as condições de administração do Estado, ou, se quisermos, do corpo político. Desde as suas célebres lições de jurisprudência, ministradas em Glasgow entre 1762 e 1766, ele deixara claro que a vida política só existe enquanto tal — e seus atores só podem entrar em cena — quando as comunidades humanas são geridas por leis claras, constantes e aplicadas de maneira regular. Não importa como são reunidas, se em uma constituição, um código ou sob outra forma, são essas leis que garantem a vida e a propriedade de cada indivíduo contra a violência e a ganância dos outros. Sem isso, não pode haver nem liberdade política (civil liberty) nem liberdade individual (freedom).

Publicada em 1776, A riqueza das nações, de Adam Smith, logo se tornou referência no debate político e econômico
Apenas quando tais liberdades se encontram minimamente garantidas é que o comércio pode se tornar extensivo. Ora, se não há dúvida, segundo Smith, de que em toda e qualquer sociedade existe algum tipo de relação comercial entre grupos ou indivíduos, é apenas nas sociedades modernas — mais precisamente a partir do século 16 — que o comércio se torna um assunto de Estado, ou uma questão política. Expandindo-se para além de seus próprios limites, os Estados europeus conquistam territórios na América, transformam-nos em colônias de extração e os ligam ao comércio de mão de obra africana escravizada e aos monopólios das chamadas “Índias ocidentais”.
Sociedade comercial
Smith dá a esse processo — que outros depois chamarão de “capitalismo”, “mundialização”, “antropoceno” etc. — a modesta alcunha de “sociedade comercial”, e põe-se a analisar o fenômeno historicamente, buscando extrair, em meio ao peso das circunstâncias que determinam a direção das coisas humanas, a silenciosa porém inequívoca atuação das leis gerais que tornam essa experiência regular, malgrado as aparências. A terceira parte d’A riqueza das nações traça uma conjectura histórica sobre as origens da sociedade comercial, que Smith remonta à queda do Império Romano. A certa altura dessa seção, certamente a mais acessível do livro, ele observa que “a ordem natural das coisas” que leva ao comércio entre a cidade e o campo, e que “ocorre, em maior ou menor medida, em todas as sociedades”, se deu, “em muitos aspectos, de maneira completamente invertida, em muitos Estados da Europa”. Quer dizer, se é possível e mesmo necessário identificar leis gerais e traçar um quadro esquemático sobre as origens da sociedade comercial, é igualmente indispensável ficar atento às vicissitudes que condicionam os efeitos empíricos dessas leis.
Mas isso não é tudo. Para Smith, a história humana é um processo que ocorre às cegas, no qual os agentes, na realização de seus interesses imediatos, terminam por produzir uma ordem cujos lineamentos eles não poderiam sequer entrever. Daí a célebre metáfora da mão invisível: querer controlar, para além de certo ponto, as interações humanas é brincar de Deus, com consequências nefastas — mesmo porque, na obra de Smith, Deus não é uma coisa, nem mesmo uma ideia, mas apenas uma metáfora da ordem que se produz a si mesma, sem desígnio nem intenção.
Smith não pensava em inaugurar uma ciência ‘exata’ e ‘sólida’, concebida nos moldes da matemática
O advento da “sociedade comercial” não é um fenômeno neutro. Introduz na cena histórica, pela primeira vez de maneira generalizada, uma oportunidade para o desenvolvimento de uma propensão característica da natureza humana: a invenção. Dez anos antes d’A riqueza das nações, na última de suas lições sobre jurisprudência, Smith exprimira essa ideia de maneira curiosa. Contrariamente aos outros animais, que se sentem satisfeitos com o que a natureza lhes oferece para sustento e bem-estar, o “homem é dotado de uma delicadeza tão grande, que nada do que a natureza produz pode lhe agradar, e em tudo ele vê necessidade de melhoria”. Mas esse instinto é relativo às condições em que os humanos se encontram, e inevitavelmente se torna mais aguçado numa sociedade como a comercial, definida tanto pela multiplicação das necessidades a serem satisfeitas quanto pelo número quase infinito de meios para satisfazê-las.
Antologia reúne textos clássicos da fisiocracia, uma das primeiras teorias que ajudaram a entender a dinâmica econômica
Ocorre que a sociedade comercial, além de incitar ao aguçamento desse instinto natural, também facilita o seu desenvolvimento. Nesse sentido, a primeira parte d’A riqueza das nações continua sendo o momento mais alto de um livro sem pontos baixos. Dedicado à análise de um fenômeno preciso, a divisão do trabalho, ele oferece, ao mesmo tempo, uma perspectiva de conjunto sobre o mundo moderno.
Divisão do trabalho
Para Smith, a divisão do trabalho explica “os grandes avanços do poder produtivo do trabalho, e a parte mais substancial da habilidade, da destreza e do discernimento com esse poder é atualmente empregado”. Trocando em miúdos, a divisão do trabalho responde pelo alto grau de complexidade e perfeição atingido, na segunda metade do século 18, na manufatura.
Smith realiza uma análise magistral de como a introdução desse expediente trouxe, na época, uma alteração completa na própria organização da sociedade. O exemplo que ele toma como ilustração é o da manufatura de alfinetes, processo que passa por nada menos que dezoito etapas e que requer, no lugar do trabalho de um ou poucos artesãos num ateliê, a mobilização de uma numerosa equipe dentro de uma oficina.
A reorganização do trabalho produtivo não se restringe à manufatura: estende-se à agricultura, ao comércio e, para além da esfera da produção da riqueza, à divisão de grupos na sociedade e na própria administração do Estado. O mundo moderno não apenas requer o uso da invenção como capacidade humana, mas também fomenta o seu desenvolvimento constante, em busca de meios cada vez mais eficazes para a produção dos fins desejados. Smith nunca foi um utilitarista puro, e essa consideração é temperada pela atribuição de um pendor estético à natureza humana. Não nos contentamos com a realização de um objetivo, temos de alcançá-lo pela maneira mais sofisticada e complexa possível, pois o que nos deleita, acima de tudo, é a beleza do sistema, para além de sua eficácia.
Não nos contentamos com a realização de um objetivo, temos de alcançá-lo pela maneira mais sofisticada e complexa possível
A riqueza das nações é testemunho de como isso acontece. A exemplo de outros livros escritos na mesma época ou logo depois — como Declínio e queda do Império Romano, de Gibbon, ou A origem das espécies, de Darwin — a obra-prima de Smith se alonga para muito além do que requerem a exposição e a demonstração de suas principais teses e argumentos. Tanto melhor para o leitor, que conta com mais uma obra no catálogo das que são, por definição, inesgotáveis.
É uma questão saber em que medida a posteridade fez justiça a esse livro majestoso. Como poderia tê-lo feito? Esforços não faltaram. Hume o leu e houve por bem corrigi-lo, já no leito de morte. Malthus foi um discípulo tacanho; Say, um continuador original. Ricardo percebeu a insuficiência da teoria do valor. Não falemos sobre Marx nem sobre Hayek, que lançaram A riqueza das nações na arena de disputas ideológicas que se arrastam desde o século 19 até os nossos dias.
Pensador radical
Vez por outra se lê, na pena de um de nossos numerosos articulistas de economia, um elogio a Smith, o “pai da economia moderna”. Que seja. Outros, mais atentos à profusão de tesouros oferecidas em suas obras, vêm redescobrindo em Smith nada menos que um pensador radical, ou, se quisermos, um liberal autêntico, às voltas, na quinta parte d’A riqueza das nações, com questões como o ensino público, a saúde da população, os investimentos do Estado, e, em outros escritos, com o impacto potencialmente desestabilizador da prática extensiva do comércio sobre a vida política.
Por tudo isso, uma nova tradução d’A riqueza das nações é mais do que bem-vinda. Eu não saberia dizer quantas já foram feitas para a língua portuguesa, mas sei de ao menos três, além desta, em circulação. Nenhuma, porém, tão fiel ao espírito e à letra do original. Smith não era um estilista, e sua prosa pode se tornar convoluta mesmo às voltas com questões relativamente simples. Pode ser difícil encontrar, na língua portuguesa, um equivalente satisfatório para suas sentenças, tantas delas calcadas no francês — que Smith, a exemplo de Hume, considerava uma língua mais rigorosa que o inglês.
Smith vem sendo redescoberto como um pensador radical, ou, se quisermos, um liberal autêntico
A tradução de um livro como este, ainda por cima tão extenso, é uma tarefa ingrata, para dizer o mínimo. O que ressalta ainda mais o mérito de Daniel Moreira Miranda, que enfrenta com pleno êxito a grande maioria dos obstáculos que se interpõem à fluência do texto. Ao qual vem se acrescentar a exímia revisão técnica de Mauricio Coutinho, autor do prefácio, provavelmente nosso maior especialista na obra econômica de Smith.

sexta-feira, 13 de março de 2026

Adam Smith y el taoísmo de mercado - James A. Dorn (El Cato Intitute)

 Adam Smith y el taoísmo de mercado

James A. Dorn dice que las raíces del liberalismo son más profundas y se remontan a antiguos pensadores chinos como Lao Tzu y otros, quienes reconocieron que el orden podía surgir espontáneamente si los gobernantes seguían el principio de wu wei (no intervención).

Adam Smith (1723-1790), a menudo conocido como el "padre fundador de la economía", fue, de hecho, un filósofo moral que concedía un gran valor a la libertad y la rectitud moral. Su famoso tratado sobre La riqueza de las naciones (1776) fue precedido por La teoría de los sentimientos morales (1759). Smith no solo estaba interesado en la asignación eficiente de los recursos. Se adhería al principio de no intervención y era un firme defensor del libre comercio (laissez-faire). Al igual que otros liberales clásicos, se interesaba por las instituciones necesarias para crear un orden social armonioso, y consideraba que la clave era un "sistema simple de libertad natural", respaldado por un estado de derecho justo que protegiera a las personas y la propiedad. Sus ideas deben celebrarse junto con el 250 aniversario de la Declaración de Independencia.

La doctrina de la mano invisible de Adam Smith

Aunque Smith solo utilizó el término "mano invisible" una vez en su obra La riqueza de las naciones (WN), es, con diferencia, el término más citado de ese libro. Sostenía que los individuos son egoístas y que, al perseguir sus intereses —dentro de un sistema que apoya el liberalismo—, la sociedad se beneficiaría sin necesidad de una dirección central. A continuación se incluyen las citas pertinentes.

  • "No es de la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero de quien esperamos nuestra cena, sino de su interés propio" (WN, ed. Modern Library, 1937: 14).
  • "El comercio y la manufactura introdujeron gradualmente el orden y el buen gobierno y, con ellos, la libertad y la seguridad de los individuos" (WN, p. 385).
  • "Confiamos con total seguridad en que la libertad de comercio, sin ninguna intervención del gobierno, siempre nos proporcionará el vino [y otros bienes] que necesitamos" (WN, p. 404).
  • Al perseguir su propio interés, un individuo a menudo es "guiado por una mano invisible" para promover "el de la sociedad de manera más eficaz que cuando realmente tiene la intención de promoverlo" (WN, p. 423).
  • "Por lo tanto, al eliminarse por completo todos los sistemas, ya sean de preferencia o de restricción, el sistema obvio y simple de la libertad natural se establece por sí solo. Todo hombre, siempre que no viole las leyes de la justicia, queda perfectamente libre para perseguir su propio interés a su manera y para poner tanto su industria como su capital en competencia con los de cualquier otro hombre u orden de hombres". Así, "el soberano queda completamente liberado de un deber [...] para cuyo cumplimiento adecuado ninguna sabiduría o conocimiento humano podría ser suficiente" (WN, p. 651).
  • Bajo el "sistema de libertad natural", el Estado/soberano solo tiene poderes limitados: en primer lugar, salvaguardar "a la sociedad de la violencia y la invasión de otras sociedades independientes"; en segundo lugar, proteger "a cada miembro de la sociedad de la injusticia o la opresión de cualquier otro miembro de la misma, o el deber de establecer una administración exacta de la justicia"; y en tercer lugar, mantener "ciertas obras públicas y ciertas instituciones públicas" (ibíd.).
  • "En el gran tablero de ajedrez de la sociedad humana, cada pieza tiene un principio de movimiento propio, totalmente diferente del que la legislatura podría decidir imponerle. Si esos dos principios coinciden y actúan en la misma dirección, el juego de la sociedad humana transcurrirá con facilidad y armonía, y es muy probable que sea feliz y exitoso. Si son opuestos o diferentes, el juego transcurrirá de forma miserable y la sociedad se verá sumida en todo momento en el mayor grado de desorden" (Teoría de los sentimientos morales, Liberty Classics, 1969: 381).

Estas citas ilustran la idea de Smith, compartida por otros liberales clásicos, de que la armonía social y económica se logra mejor mediante la adhesión a la libertad bajo un estado de derecho justo que proteja los derechos fundamentales a la vida, la libertad y la propiedad. Sin embargo, las raíces del liberalismo —y la idea de la armonía que surge de la libertad bajo la ley— son más profundas y se remontan a antiguos pensadores chinos como Lao Tzu, quien reconoció que el orden podía surgir espontáneamente si los gobernantes seguían el principio de wu wei (no intervención). En la siguiente sección se exploran algunos de los pensadores que defendían lo que yo he denominado "taoísmo de mercado" (Dorn 1998: cap. 7).

El Tao del mercado

Los mercados están en todas partes. Las personas se esfuerzan por mejorar su situación mediante intercambios mutuamente beneficiosos. Cuanta más libertad haya —sujeta a un auténtico estado de derecho—, mayores serán las posibilidades de crear armonía social y económica. Adam Smith lo entendió, al igual que varios pensadores chinos mucho antes de que apareciera La riqueza de las naciones.

Lao Tzu

Lao Tzu, que según la tradición vivió en el siglo VI a. C., reconoció que la mejor manera de lograr la armonía económica y social es limitando el poder del Estado y ampliando la libertad de elección individual, siempre que se respete un estado de derecho justo. He aquí algunas citas relevantes del Tao Te Ching ("El clásico del camino y su virtud", también conocido como Laozi).

  • "Cuantas más restricciones y limitaciones haya, más empobrecidos estarán los hombres... Cuantas más normas y preceptos se impongan, más bandidos y delincuentes se producirán. De ahí que tengamos las palabras de los sabios: A través de mi no acción, los hombres se transforman espontáneamente. A través de mi quietud, los hombres se vuelven espontáneamente tranquilos. A través de mi no interferencia, los hombres aumentan espontáneamente su riqueza" (cap. 57, traducido por Chang Chung-yuan, Harper & Row, 1975).
  • "Cuando los impuestos son demasiado altos, la gente pasa hambre. Cuando el gobierno es demasiado intrusivo, la gente pierde su espíritu. Actúa en beneficio del pueblo. Confía en ellos; déjalos en paz" (Cap. 75, traducido por Stephen Mitchell, HarperPerennial, 1991).
  • "Cuando el gobierno no es discriminatorio y es aburrido, el pueblo está contento y es generoso". Pero "cuando el gobierno es inquisitivo y discriminatorio, el pueblo está decepcionado y es conflictivo" (Cap. 58, traducido por Wing-Tsit Chan 1963: 167).

Los líderes y el pueblo de China pueden recurrir a Lao Tzu en busca de orientación. Su oposición a la intervención del gobierno y su poderosa idea del orden espontáneo son tan relevantes hoy como lo eran en la antigua China. Como señala Wing-Tsit Chan, un destacado filósofo chino, el Tao Te Ching "se opone firmemente al gobierno opresivo". El "gobernante sabio" debe guiar mediante la "no interferencia" (wu wei). Por lo tanto, "el taoísmo no es una filosofía de retirada. El hombre debe seguir a la naturaleza, pero al hacerlo no se elimina; al contrario, se cumple su naturaleza" (Chan, 1963: 137).

Han Fei Tzu

Han Fei Tzu, un destacado erudito legalista del siglo III a. C., aceptó la noción taoísta del orden espontáneo, pero hizo hincapié en que, dada la naturaleza del hombre, las normas son necesarias para garantizar que la libertad conduzca a resultados socialmente beneficiosos, limitando el poder del Estado y garantizando la igualdad ante la ley.

Las ideas de Han Fei sobre la naturaleza humana y el papel de las normas en la promoción de la armonía social son muy similares a las de Adam Smith. En el capítulo 32 de lo que se conoce como Han Fei Tzu, encontramos el siguiente pasaje:

Cuando un hombre vende sus servicios como jornalero, el amo le da buena comida a expensas de su propia familia y le paga con dinero y ropa. Esto no es porque quiera al jornalero, sino porque dice: "De esta manera, su arado penetrará más profundamente en la tierra y su siembra será más activa". El jornalero, por su parte, ejerce su fuerza y trabaja afanosamente en el laboreo y el deshierbe. Ejerce toda su habilidad en el cultivo de los campos. No lo hace porque quiera a su amo, sino porque dice: "De esta manera tendré buena sopa, y el dinero y la ropa me llegarán fácilmente". Así, gasta sus fuerzas como si entre ellos existiera un vínculo de amor, como el que existe entre padre e hijo. Sin embargo, sus corazones se centran en la utilidad, y ambos albergan la idea de servirse a sí mismos. Por lo tanto, en la conducta de los asuntos humanos, si uno tiene la intención de hacer el bien, será fácil mantener la armonía, incluso con un nativo de Yüeh [un estado bárbaro]. Pero si uno tiene la intención de hacer daño, incluso el padre y el hijo se separarán y sentirán enemistad el uno hacia el otro [Fung 1952: 327].

Este extracto muestra claramente que Han Fei aceptaba ideas taoístas similares al concepto moderno de orden espontáneo y reconocía la importancia del intercambio voluntario. También reconocía que los hombres podían hacer el mal y, por lo tanto, la paz y la prosperidad requerían un gobierno sujeto a leyes igualitarias de justicia. En el capítulo 50, dice: "Si se hace que el pueblo no pueda hacer el mal, todo el estado puede mantenerse en paz" (Fung 1952: 330). Así, aunque Han Fei acogía con agrado la virtud confuciana, no la consideraba suficiente para prevenir el mal.

El poder (shih) del gobernante no debía ser ilimitado, sino que debía utilizarse de manera justa a través de la ley (fa) y los métodos (shu), un sistema de castigos y recompensas que constituyen los "principios necesarios" de un "grandioso gobierno bueno". La idea clave, señala Fung (ibíd.), es que "si el gobernante puede utilizar estos principios, será capaz de gobernar a través de la no acción (wu wei)".

En otras palabras, el orden fluye de la libertad bajo la ley. Los gobernantes que utilizan su poder sabiamente para prevenir el daño, al tiempo que permiten a las personas la libertad de perseguir sus propios intereses, crearán armonía social y económica. En el capítulo 29 del Han Fei Tzu, aprendemos que los gobernantes antiguos, que se adherían a los principios necesarios del buen gobierno,

se basaban para el buen gobierno... en leyes y métodos; dejaban que lo correcto y lo incorrecto se trataran con recompensas y castigos; y remitían lo ligero y lo pesado al equilibrio de la balanza. No se oponían al orden natural y no infligían daño a los sentimientos y la naturaleza humanos... No presionaban lo que estaba más allá de la ley, ni dejaban pasar lo que estaba dentro de ella. Se mantuvieron fieles al orden adecuado y respondieron a lo espontáneo... Las responsabilidades de la gloria o la desgracia dependían del individuo, y no de los demás [Fung 1952: 331].

En el capítulo 11 del Han Fei Tzu se encuentra otra prueba de que Han Fei no quería utilizar la ley para reprimir a las personas, sino para hacerlas responsables y libres de perseguir sus propios intereses, lo que, en su opinión, produciría espontáneamente una sociedad armoniosa: "Los eruditos versados en la ley deben tener una resolución firme y una rectitud inquebrantable... [Deben] ser capaces de rectificar la conducta malvada de los hombres poderosos" (Fung 1952: 335).

En el capítulo 42, Han Fei afirma:

Creo que al establecer leyes y métodos, y al fijar normas y medidas, puedo beneficiar al pueblo y facilitarle el camino. Por lo tanto, no temo la calamidad de incurrir en la ira de un superior desordenado o poco ilustrado, sino que primero debo pensar en cómo hacer que la riqueza y los beneficios sean adecuados para el pueblo... No puedo soportar la acusación de actuar con avaricia y mezquindad, y no me atrevo a perjudicar el curso de la moralidad y el conocimiento [Fung 1952: 336].

Han Fei, en el capítulo 50, advirtió contra un Estado redistributivo, que, en su opinión, atenuaría los incentivos para ahorrar y ser productivo. Según él, quitarle la propiedad a una persona trabajadora y redistribuirla a una persona derrochadora a través del Estado disminuiría la riqueza de la nación. Como señala Fung (1952: 328), "En economía, Han Fei Tzu sostiene que, dado que todos los hombres actúan en su propio interés, es mejor dejarlos solos en libre competencia. Por lo tanto, se opone a la doctrina confuciana de la división equitativa de la tierra".

La fusión del taoísmo y el legalismo (véase Schwartz 1985: 343-44), para mostrar la importancia de las normas y las instituciones para el surgimiento de un orden social y económico espontáneo, proporciona importantes lecciones para los actuales líderes de China (Dorn 2016).

Sima Qian

Durante la dinastía Han, el gran historiador Sima Qian (c. 145-86 a. C.), en su famosa obra Registros del historiador (Shiji), reconoció la importancia de los mercados y la división del trabajo para aumentar la riqueza individual y social, así como el efecto ruinoso de la intromisión del gobierno y la planificación centralizada. En "Las biografías de los mercados monetarios", argumentó:

Debe haber agricultores para producir alimentos, hombres para extraer la riqueza de las montañas y los pantanos, artesanos para producir estas cosas y comerciantes para distribuirlas. No hay necesidad de esperar las órdenes del gobierno: cada hombre desempeñará su papel, haciendo todo lo posible por conseguir lo que desea... Cuando todos trabajen de buena gana en su oficio, al igual que el agua fluye incesantemente cuesta abajo día y noche, las cosas aparecerán sin buscarlas y la gente las producirá sin que se les pida. Porque claramente esto concuerda con el Camino [Tao] y está en consonancia con la naturaleza [Shiji, cap. 129].

Este pasaje proporciona una prueba más de que, mucho antes de la Ilustración escocesa, China ya había desarrollado la idea del orden espontáneo y comprendido la mano invisible de Adam Smith. Como sugiere el economista Gregory C. Chow (Zhou Zhizhuang), "Sima tenía un profundo conocimiento del funcionamiento de la economía de mercado". De hecho, "podría ser difícil encontrar un pasaje en La riqueza de las naciones de Adam Smith que ofrezca una descripción más clara y sencilla de la economía de mercado" (Chow 2007: 13).

Adam Smith en China

La primera traducción china de La riqueza de las naciones apareció en 1902. Se trataba de una traducción parcial realizada por Yan Fu, que presentaba a los lectores la economía política de Smith (véase Zhu 1993). Hoy en día, se puede visitar la Universidad Suroccidental de Finanzas y Economía de Chengdu (SWUFE)y ver una estatua de tamaño natural de Smith adornando el campus, que representa el alcance global de la SWUFE y su apertura a nuevas ideas que ayudan a configurar el desarrollo económico.

Sin embargo, la adhesión de Smith al principio de libertad bajo un estado de derecho justo aún no ha sido comprendida por el Partido Comunista Chino, que está representado en todas las universidades nacionales de China.

Aunque el movimiento reformista, que comenzó en 1978, ha logrado cierto grado de liberalización económica, el PCCh sigue comprometido con el "socialismo con características chinas" (también conocido como "socialismo de mercado"), en contraposición a lo que Milton Friedman (1989: 569) ha denominado "mercados privados libres" o lo que podríamos llamar "taoísmo de mercado".


Adam Smith, SWUFE, Chengdu.

El camino hacia el desarrollo armonioso

En noviembre de 2008, el Instituto Cato copatrocinó una conferencia con la Universidad Renmin de Pekín para conmemorar el 30º aniversario de la reforma económica de China. Tom Palmer, vicepresidente ejecutivo de programas internacionales, desempeñó un papel fundamental en la organización del programa, acertadamente titulado "El camino hacia el desarrollo armonioso". Fue un momento emocionante, porque la liberalización estaba transformando China y ofreciendo un futuro más brillante a todos aquellos que deseaban una mayor libertad económica y social. Los asistentes al evento recibieron un pequeño globo de cristal con imágenes de Adam Smith y Lao Tzu, que simbolizaban la integración del pensamiento liberal de Occidente y Oriente.

Bill Niskanen (presidente de Cato) y yo nos unimos a Tom para preparar un vídeo para la conferencia. Expresamos nuestras esperanzas de que continuara la liberalización y felicitamos a China por abrirse al mundo exterior y permitir que las personas salieran de la pobreza entrando en los mercados emergentes. Sin embargo, advertimos que para crear armonía económica y social es necesario comprometerse con el principio de no intervención, es decir, la libertad bajo un estado de derecho que proteja a las personas y la propiedad.

Mucho ha cambiado desde 2008, especialmente con el ascenso del líder supremo Xi Jinping, que ha tomado medidas drásticas contra cualquier desviación del dogma del PCCh. El "pensamiento de Xi Jinping" forma ahora parte de la Constitución del PCCh, y Xi es ahora, en la práctica, presidente vitalicio y secretario general. El clima intelectual ha pasado de apoyar "Los mercados por encima de Mao" a "El Estado contraataca", títulos de libros publicados en 2014 y 2019, escritos por Nicholas Lardy, un respetado estudioso de China.

Xi Jinping ha defendido superficialmente el libre mercado de ideas, diciendo a sus compañeros en el XIX Congreso Nacional del Partido Comunista Chino: "Debemos seguir el principio de dejar que florezcan cien flores y que compitan cien escuelas de pensamiento" (Xi 2017). La retórica es buena, pero la realidad es que China sigue siendo un sistema cerrado para la libertad de pensamiento. En China no existen los derechos naturales, solo los derechos sancionados por el PCCh, y estos están estrictamente limitados por la adhesión al dogma socialista. No se tolerará nada que amenace el monopolio del poder del PCCh.

El desarrollo pacífico es un objetivo declarado del PCCh. Pero ese objetivo se alcanza mejor siguiendo el taoísmo de mercado y los principios liberales clásicos, especialmente el principio de no intervención (wu wei), o libertad bajo un estado de derecho justo, tal y como lo entendían Adam Smith, Lao Tzu y Han Fei Tzu.

Por último, al celebrar el 250 aniversario de La riqueza de las naciones y la Declaración de Independencia, Estados Unidos debería practicar lo que predica y adherirse a sus principios fundacionales limitando el poder del Gobierno, protegiendo las libertades básicas y fomentando el libre comercio tanto a nivel nacional como internacional.

Este artículo fue publicado originalmente en Cato At Liberty (Estados Unidos) el 2 de marzo de 2026.

terça-feira, 18 de janeiro de 2022

Uma homenagem a Adam Smith - Marcos Aguinis (La Nación)

Estamos quase chegando nos 250 anos de publicação da obra magna de Adam Smith, quando os Estados Unidos também estarão comemorando o primeiro quarto de milênio de sua história independente. Uma boa marca para fazer um balanço do que eles fizeram de bom, e de menos bom, para a história da humanidade. Pretendo fazer um balanço de todas essas datas...

Paulo Roberto de Almeida

La Nación, Buenos Aires – 17.1.2022

El inmortal Adam Smith

Sus observaciones superaron las utopías caducas de su tiempo y de algunos tiempos que le sucederían

Marcos Aguinis 

 

Merece los laureles del recuerdo. Este hombre vivió y creó sus principales obras antes de la Revolución Francesa. Es importante reconocer su visión profética en tiempos confusos y ardientes. Su cerebro estaba provisto de un enorme telescopio, que se tardó en advertir. Sus descubrimientos sobre aspectos decisivos de las conductas humanas tuvieron una repercusión notable en el devenir de los siglos. Sus datos biográficos generan sorpresa, porque revelan una personalidad enmarañada, que atrapa informaciones diversas. Y a las que somete a un filtro y análisis cuidadoso, incansable, crítico.

Nació en Escocia y se enlazó con personalidades que también contribuyeron a enriquecer su corajuda visión humanística. Supuso que la moral y la filosofía, a las que investigó y sobre las cuales dejó páginas notables, serían el principal legado que podía construir. Pero, provisto de humildad, no advirtió que sobrepasaba ese nivel y pasaba a ser el padre de la moderna economía. Sus observaciones superaron las utopías caducas de su tiempo y de algunos tiempos que le sucederían. El marxismo y otras teorías de trágicas consecuencias, así como las mentiras del populismo, han generado miseria, odio y decadencia mental. No se atreven siquiera Los dejan a un costado porque relumbran. Solo se limitan a citarlo, como a un clásico viejo, caduco, aburrido.a compararlas con los aportes de Adam Smith. 

La obra trascendental de este genio fue La riqueza de las naciones. No se limitó a elaborarla durante años, decidirse a escribirla con la mayor objetividad y editarla, sino que la siguió sometiendo a inclementes ajustes con cada reedición, como si estuviese corrigiendo los papeles de un estudiante mediocre. Durante años, mediante investigaciones adicionales, reflexiones, pruebas y contrapruebas que mantuvieron vivo el interés de sus ideas. Los amigos advertían que su rostro sereno escondía una máquina en permanente actividad. A menudo lo encontraban perdido, lejos de su casa, pensando. Se preocuparon por su salud. Lo invitaban a comer, beber, a reuniones sociales. Algunos se burlaban creyéndolo “triste como un perro”. Pero no estaba triste, sino navegando en las aguas de su océano lleno de rutas que debía explorar. Movía el jarro de cerveza, pedía que le repitiesen una pregunta reciente, olvidaba su abrigo, sabía que era un insocial y trataba de saludar con afecto, pero sin recordar con precisión a quién saludaba. Muchas veces lo acompañaban a su casa y lo ayudaban a preparar la comida o lavar la ropa.

Dejando en relativo descanso las múltiples inquietudes humanísticas sobre las que seguía escribiendo y dando clase, perseveraba en los asuntos que le darían originalidad. Y que lo convirtieron en el padre de la economía moderna. Demostró que el mercado libre –que muchos ignoraban o no lo entendían o reducían a las verdulerías– era el motor del progresoLa palabra “mercado” se asociaba y muchos aún asocian a las ventas y las compras. No es así: incluye hasta la cultura. Nadie en particular lo ha inventado, es producto de las agrupaciones humanas. Por lo tanto, se hunde en la prehistoria y fue creciendo paulatinamente. El motor de su desarrollo es el comercio, que no se limita a los bienes materiales, sino también a provenientes del espíritu, el arte y todo lo que intercambian los seres humanosSu funcionamiento produjo la maravillosa división del trabajo. Sin saberlo, todos los integrantes de una sociedad –sean vendedores, pensadores, compradores y productores– contribuyen a que esta máquina funcione y haga avanzar al conjunto, con menos o mayor beneficio para cada sector o individuo. Donde esta máquina mejor funciona es donde más enérgico es ese progreso. En cambio, donde esa máquina es bloqueada, el atraso es mayor para todos, excepto para los pocos individuos que se benefician de ese bloqueo. Ojo: siempre hay sujetos que perturban el beneficio general; mienten al proclamar lo contrario.

Otro dato interesante –y que sigue siendo cuestionado hasta ahora– es el de la propiedad privada. Haría reír a Adam Smith, y hace reír a todos los que se detienen a reflexionar. Resulta grosero que en numerosas sociedades que se denominan cristianas desconozcan su importancia cardinal. Señalo esto porque ya en los Diez Mandamientos el séptimo ordena: “No robarás”. Si se condena el robo, obviamente está prohibido apropiarse de algo que pertenece a otro. Si “pertenece” a alguien, existe la propiedad. Esto ha sido descubierto desde la antigüedad más remota.

Adam Smith desconcertó con algo más escandaloso aún: demostró que el progreso no se debe a la caridad, sino al egoísmo. Dijo textualmente: “No obtenemos los alimentos por la benevolencia del carnicero, del cervecero o el panadero, sino por la preocupación que tienen ellos en su propio interés, sus necesidades, sus ambiciones”. No nos dirigimos a sus sentimientos humanitarios, sino a su egoísmo, cuando reclamamos esos objetos, porque de lo contrario ellos no producirán ni se ocuparían de exhibir sus productos y venderlos. Ocurre que la palabra egoísmo se ha cargado de color negativo, sin entenderse su funcionalidad. El egoísmo no debe ejercerse contra el prójimo, sino para atenderse a uno mismo sin dañar al otro. Y el otro debe comportarse del mismo modo. El mundo no funciona sobre la base de la clemencia.

Utilizando distintas palabras, puede decirse que siempre se actúa según el deseo o el interés de cada uno. Es propio de la vida en general. Los esfuerzos que se realizan para incrementar la solidaridad y el bien de amplias comunidades oscurecen el motor que trabaja desde el fondo de los inconscientes. Un sabio se esmera en señalar los caminos virtuosos y un delincuente, en realizar un exitoso delito. Pero cada uno opera sobre la base del impulso que le llega desde sus oscuras profundidades. Es horrible lo que suele hacer el delincuente, pero opera siguiendo su deseo, no el del otro.

Agrega Adam Smith: “La propiedad que cada hombre obtiene de su propio trabajo es sagrada y debe ser inviolable, puesto que es la base de los demás beneficios”. Los agricultores florecientes odian la agricultura colectiva, porque solo les ofrece apenas una ganancia ínfima por un trabajo adicional. Lo mismo ocurre con los trabajadores más productivos de una fábrica, quienes pierden interés en ser más productivos si no se recompensan sus esfuerzos. En todas partes brota el descontento cuando se intenta obligar a obedecer en todo, incluso en el pensar. Entonces el ser humano baja al sótano de la esclavitud.

Su voluminoso libro reclama una lectura cuidadosa, porque soluciona muchos de los conflictos que perturban hasta hoy. Este pensador sería atacado a pedradas debido a las ideas prejuiciosas que atan a muchas personas hasta el presente. Las piedras serían arrojadas por quienes suponen que responden a la más elevada moral, sin darse cuenta de que esa moral es reaccionaria.

No es casual que el mismo lúcido pensador que limpió de barro las equívocas ideas sobre los secretos de la riqueza haya sido un obsesivo investigador de la ética. Tampoco es casual que talentos nutridos por la fuerza de una cultura iridiscente como los de Mario Vargas Llosa y Alberto Benegas Lynch (h.) lo hayan homenajeado desde hace mucho, al hacer más comprensibles sus ideas y las de sus sucesores.

 

*

terça-feira, 11 de junho de 2019

Grandes economistas no Google Scholar: Adam Smith, Keynes, Hayek, Friedman, Marx

Eis, pela ordem, os economistas mais citados por outros economistas, segundo a volumetria do Google Scholar (coloquei os percentuais dos demais economistas em relação a um hipotético benchmark de 100% para Adam Smith, o mais citado de todos: 

1. Adam Smith (100%).
2. John Maynard Keynes (73%)
3. Friedrich von Hayek (34%)
4. Milton Friedman (22%)
5. Karl Marx (20%)


domingo, 22 de abril de 2018

Cairu: a Brazilian Adam Smith - Paulo Roberto de Almeida

Meu mais recente artigo publicado: 

A Brazilian Adam Smith

Cairu as the Founding Father of Political Economy in Brazil at the beginning of the 19th century

  • Paulo Roberto AlmeidaUniceub; IPRI-Funag/MRE
Keywords: Adam Smith, José da Silva Lisboa, Visconde de Cairu, economic thought

Abstract

Adam Smith’s seminal work, The Wealth of Nations, was introduced to Brazilian readers by an autodidatic “economist”, José da Silva Lisboa, at the beginning of the 19th century. The paper intends to reconstruct the reception of Smith’s ideas in Brazil (and Portugal), through the early works of José da Silva Lisboa. He was a remarkable intellectual, liberal by instinct besides a government official, who was largely responsible for the “economic opening” of Brazilian ports to foreign trade (decreed by the Portuguese Regent, Prince D. João, in 1808, at his arrival in Brazil). He was honored with the title of Viscount of Cairu (who became the patron of the Brazilian economists in the 20th century). He translated, incorporated, copied and transformed many Smithian ideas in his books (published in Portugal and Brazil, by Imprensa Régia), adapting them to a colonial economy and a backward agricultural environment. He suggested, among other original features, the existence of a fourth factor of production (besides land, labor and capital): knowledge, which could be considered an anticipation of modern conceptual evolution in economic thinking.

Author Biography

Paulo Roberto Almeida, Uniceub; IPRI-Funag/MRE
Paulo Roberto de Almeida, Brasília, Brazil (pralmeida@me.com) Director, International Relations Research Institute (IPRI, Min. of Foreign Affairs) Professor of International Political Economy at the Graduate Studies in Law, University Center of Brasília (Uniceub) (www.pralmeida.org; http://diplomatizzando.blogspot.com)

References

ALMODOVAR, António. Introduction to: Lisboa, José da Silva. Escritos Económicos Escolhidos, 1804-1820. Coleção de Obras Clássicas do Pensamento Económico Português, Lisboa, 1993.
ARRIGHI, Giovanni.. Adam Smith in Beijing: Lineages of the Twenty-First Century. Londres, 2007.
______. The winding paths of capital. Interview with David Harvey. New Left Review, n.56, Mar-Apr/2009, p.61-94. Avaible em: or . Acessed at: 5 dec. 2016.
CAIRU, José da Silva Lisboa. Observações sobre a franqueza da indústria, e estabelecimento de fábricas no Brasil (1810). Senado Federal, Coleção Biblioteca Básica Brasileira, Brasília, 1999. 
FENELON, Dea Ribeiro. Cairu e Hamilton: um estudo comparativo. Tese de doutorado apresentada à Faculdade de Filosofia e Ciências Humanas da Universidade Federal de Minas Gerais; Belo Horizonte, 1973.
FURTADO, Celso. Formação Econômica do Brasil (1959). Fundo de Cultura.Rio de Janeiro, 1963. 
LIMA, Heitor Ferreira. História do Pensamento Econômico no Brasil. Companhia Editora Nacional, São Paulo, 1976.
LISBOA, José da Silva. Escritos Económicos Escolhidos, 1804-1820. Banco de Portugal, Coleção de Obras Clássicas do Pensamento Económico Português, Lisboa, 1993.
OLIVEIRA, Luis Valente de; RICUPERO, Rubens (orgs.). A Abertura dos Portos. Senac-SP, São Paulo, 2007.
SMITH, Adam. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations. Londres, 1791.

Published
2018-04-17

How to Cite
Almeida, P. (2018). A Brazilian Adam Smith. MISES: Interdisciplinary Journal of Philosophy, Law and Economics6(1). https://doi.org/https://doi.org/10.30800/mises.2018.v6.64

sábado, 17 de março de 2018

Antes da Economics, havia a Political Economy - um site com textos antigos

Aqui: https://beforeeconomics.wordpress.com

Before Economics

About

Before Economics is a podcast series about the history of political economy, focusing on the British case. Each episode examines a key text in this history. The podcast is supported by the European Society for the History of Economic Thought and the University of Queensland. This site acts as a supplement to the podcasts, providing readers with an opportunity to look at the texts covered in the podcast, and to find other resources relating to these texts and the history of political economy more broadly.
Before Economics is hosted by Dr Ryan Walter, Senior Lecturer in Political Economy at the University of Queensland. Dr Walter is an intellectual historian working on the history of political and economic thought, focusing on Britain in the ‘long eighteenth century’. His current work examines how political economy was absorbed – or rejected – by Parliament and British society as a source of authoritative knowledge.
Political economy was a patriarchal discourse in the sense that it routinely took the patriarchal household as a model for the government of a state or nation. As a result, gendered language has often been used when describing the texts under study to convey the original meanings.
Sincere thanks to the following interviewees: Lorenzo Cello, Keith Tribe, Terry Peach, Richard van den Berg, Michele Chiaruzzi, Marco Guidi, Karin Sellberg, Leigh Penman, Richard Devetak, Richard Whatmore, Sergio Cremaschi, Mauro Simonazzi.
Niyi Adepoyibi was the sound engineer for the podcasts. This site has been created with the assistance of David Kearns.

sexta-feira, 18 de agosto de 2017

O "milagre" de Hong-Kong e o seu autor - livro biografia sobre John Cowperthwaite

Na verdade, não tem nenhum milagre. Apenas Adam Smith aplicado na prática, e constantemente.
Muito tempos antes que o World Economic Forum ou o Insead, ou a Heritage Foundation e o Fraser Institute, começassem a fazer os seus rankings e classificações de liberdade econômica, de competitividade, de bom ambiente para negócios, Milton Friedman já tinha detectado o sucesso que era e estava se tornando Hong Kong, um monte de pedras, algumas ilhas, que não tinham absolutamente nada em cima, a não ser uma boa localização no sul da China, perto do enclave português, bem mais antigo, que era Macau.
Pois bem: depois que a colônia inglesa (que tinha sido atribuída à Grã Bretanha por cem anos, de acordo com os tratados desiguais do século XIX) foi libertada da dominação japonesa ao final da Segunda Guerra -- um dos que ficaram presos ali foi o militar Charles Boxer, futuro historiador do império marítimo português -- sua renda per capita era menos da metade da renda per capita da metrópole. Bem antes da colônia ser devolvida à China, a renda já tinha ultrapassado a da metrópole, e atualmente é mais de 30% superior, e isso a despeito, desde os anos 1950 (pós-revolução comunista no continente), de um afluxo constante de refugiados e emigrados de várias partes da Ásia, buscando simplesmente liberdade para empreender, pessoas miseráveis, chegando sem qualquer pertence, muitas delas dormindo em cortiços na cidade (que ainda existem) ou em sampans no rio ou na sua embocadura. São essas pessoas miseráveis que criaram a riqueza de Hong Kong, como aliás dizia Adam Smith, seguida pelo administrador inglês da colônia, o homem que criou a sua prosperidade, e que é objeto desta biografia resenhada nesta matéria.
O que dizia Adam Smith, além da sua famosa frase sobre a "mão invisível", que muitos equivocadamente elevam à condição de teoria, quando é uma simpes imagem. Adam Smith disse o seguinte:

Little else is requisite to carry a state to the highest degree of opulence from the lowest barbarism, but peace, easy taxes, and a tolerable administration of justice; all the rest being brought about by the natural course of things. All governments which thwart this natural course, which force things into another channel, or which endeavor to arrest the progress of society at a particular point, are unnatural, and to support themselves are obliged to be oppressive and tyrannical.

E não venham me dizer que esses princípios só se aplicam em situações especiais, em países pequenos, em cidades-Estado, como Cingapura e Hong-Kong, justamente.
Não: princípios de governo se aplicam em quaisquer circunstâncias, qualquer que seja o tamanho do país, por mais pobre que ele seja. O Brasil podia aprender com isso.
Elementar, não é?

Paulo Roberto de Almeida​
Brasília, 18 de agosto de 2017


The man behind the Hong Kong miracle



I have just finished reading Neil Monnery’s new book, Architect of Prosperity: Sir John Cowperthwaite and the Making of Hong Kong. This fascinating account of the rise of Hong Kong as a global economic powerhouse is well written and, as such, easy to read and understand. I’m happy to recommend it wholeheartedly to CapX’s discerning readership.
I first became interested in the story of Hong Kong in the late 1990s. The emotional handover of the colony from the United Kingdom to China, for example, is deeply impressed on my memory. But also, as part of my doctoral research at the University of St Andrews, I read a number of essays about the rise of Hong Kong written by the Nobel Prize-winning economist Milton Friedman. Friedman, an advocate of the free market and small government, believed that individuals, when left unmolested, will strive to improve their lives and those of their families. Prosperity will follow.
His was similar to Adam Smith’s insight:
“Little else is requisite to carry a state to the highest degree of opulence from the lowest barbarism, but peace, easy taxes, and a tolerable administration of justice; all the rest being brought about by the natural course of things. All governments which thwart this natural course, which force things into another channel, or which endeavor to arrest the progress of society at a particular point, are unnatural, and to support themselves are obliged to be oppressive and tyrannical.”
No country in modern history has come as close to Smith’s ideal as Hong Kong. The territory that the British Foreign Secretary Viscount Palmerston described as “a barren island with hardly a house upon it” was once very poor. In the immediate aftermath of World War II and Japanese occupation, its per capita income was about a third of that in the United Kingdom.
By the time British colonial rule ended, Hong Kong was 10 per cent richer than the mother country. Last year, the former colony was 37 per cent richer than the UK. It is, therefore, apposite that the man credited with Hong Kong’s success should be a Scottish civil servant, a University of St Andrews alumnus, and a devotee of Adam Smith: Sir John Cowperthwaite.
As Monnery explains, Cowperthwaite was not the first small government advocate to oversee the colony’s economy and finances. A succession of colonial governors and their financial secretaries ran a shoe string government. But, they did so out of financial necessity, rather than deep ideological commitment to small government.
As Financial Secretaries, Geoffrey Fellows (1945-1951) and Arthur Clarke (1951-1961) established a regime of low taxes and budgetary surpluses, and free flow of good and capital. To those foundations, Cowperthwaite (1961-1971) added not only the vigour of his convictions, but also a handpicked successor, Philip Haddon-Cave (1971-1981). By the time Haddon-Cave departed, the success of Hong Kong’s experiment with small government was undeniable not only to the British, but also to the Chinese. Margaret Thatcher embarked on her journey to dismantle British socialism in 1979, while Deng Xiaoping started undoing the damage caused by Chinese communism in 1978.


And that brings me to the most important reason why Cowperthwaite, rather than Fellows and Clarke, deserve to be credited with the rise of Hong Kong. Basically, he was the right man at the right place in the right time – the 1960s. It was all well and good to run a small government when the colony was still poor. By the 1960s, however, the colony was prospering and demands for higher government spending (as a proportion of GDP) were increasing. As an aside, the government’s nominal spending increased each year in tandem with economic growth. To make matters much worse, socialism, be it in its Soviet form (i.e., central planning) or in its more benign British form (state ownership of the commanding heights of the economy) was ascendant.
In fact, just before departing from Hong Kong, Clarke appears to have had a sudden crisis of confidence in the colony’s economic model, noting:
“We have, I think, come to a turning point in our financial history … There seem to be two courses we can follow. We can carry on as we are doing … Or we can do something to plan our economy … Which course should we adopt?”
Mercifully, Cowperthwaite was able to articulate the reasons for staying the course. In his early budget debates, he noted:
“I now come to the more general and far-reaching suggestion made by Mr Barton and Mr Knowles, that is, the need to plan our economic future and in particular, the desirability of a five-year plan. I would like to say a few words about some of the principles involved in the question of planning the overall economic development of the colony.
“I must, I am afraid, begin by expressing my deep-seated dislike and distrust of anything of this sort in Hong Kong. Official opposition to overall economic planning and planning controls has been characterised in a recent editorial as ‘Papa knows best.’ But it is precisely because Papa does not know best that I believe that Government should not presume to tell any businessman or industrialist what he should or should not do, far less what he may or may not do; and no matter how it may be dressed up that is what planning is.”
And:
“An economy can be planned, I will not say how effectively, when there unused resources and a finite, captive, domestic market, that is, when there is a possibility of control of both production and consumption, of both supply and demand. These are not our circumstances; control of these factors lies outside our borders. For us a multiplicity of individual decisions by businessmen and industrialists will still, I am convinced, produce a better and wiser result than a single decision by a Government or by a board with its inevitably limited knowledge of the myriad factors involved, and its inflexibility.


“Over a wide field of our economy it is still the better course to rely on the nineteenth century’s ‘hidden hand’ than to thrust clumsy bureaucratic fingers into its sensitive mechanism. In particular, we cannot afford to damage its mainspring, freedom of competitive enterprise.”
It is not clear whether Cowperthwaite ever read Friedrich Hayek’s 1945 essay, “The Use of Knowledge in Society”, which posits that allocation “of scarce resources requires knowledge dispersed among many people, with no individual or group of experts capable of acquiring it all”, or whether he came to the same conclusions as the Austrian Nobel Prize-winning economist on his own. But, even if he were consciously or sub-consciously influenced by Hayek, it speaks much of Cowperthwaite “the thinker” that he took Hayek’s insights to heart, unlike so many decision-makers around the world, who succumbed to the Siren calls of socialism.
And so it was with considerable amazement that, towards the end of my first year at St Andrews, I discovered Cowperthwaite and I were neighbours. His house on 25 South Street was a few hundred feet away from Deans Court, the University’s post-graduate student residence. I immediately wrote to him and he responded, asking me to come for tea. I spent a wonderful afternoon in his presence and kept in touch with him during my remaining time at St Andrews.
Last time I saw him, he came to the launch of the libertarian student magazine Catallaxy, which my friend, Alex Singleton, and I wrote together. As he took his leave, I saw him walk down Market Street and got a distinct feeling that it would be for the last time. Shortly after I graduated and moved to Washington. A new life and new job took precedence and St Andrews slowly receded down memory lane.
Neil Monnery’s book made those wonderful memories come alive again. His work has immortalised a man to whom so many owe so much. Architect of Prosperity is an economic and intellectual history. Above all, it is a tribute to a principled, self-effacing, consequential and deeply moral man. Monnery deserves our gratitude for writing it.
Marian Tupy is Editor of HumanProgress.org and a senior policy analyst at the Center for Global Liberty and Prosperity

Share

Postagem em destaque

Leandro Narloch (no X) escreve sobre um dos gigantes da psicologia contemporânea: Robert Trivers

Leandro Narloch (no X) escreve sobre um dos gigantes da psicologia contemporânea. Robert Trivers, um dos grandes gênios do século 20, acaba...