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quarta-feira, 8 de janeiro de 2020

Compras Governamentais: Brasil adere a acordo multilateral

Um grande avanço, não só para aumentar a concorrência, como para diminuir a corrupção sistêmica nessa área.

Brasil adere a acordo que abre compras governamentais a empresas estrangeiras

Decisão que será anunciada este semestre dá mesmo tratamento a empresas nacionais e do exterior em licitações

O Globo, 8/01/2020

BRASÍLIA - O governo brasileiro vai anunciar, ainda neste semestre, a adesão do Brasil ao acordo de compras governamentais, firmado no âmbito da Organização Mundial do Comércio (OMC) por 48 países, entre os quais os da União Europeia (UE), os Estados Unidos e o Japão. A ideia é permitir que as empresas brasileiras tenham acesso a um mercado de US$ 1,7 trilhão por ano nas licitações públicas em outros países. 
O mercado brasileiro também é promissor: dados do Ministério da Economia mostram que, em 2017, o setor público — União, estados e municípios — contratou cerca de R$ 78 bilhões em bens e serviços, o que inclui desde equipamentos para obras a material de escritório e merenda escolar.
Pelo acordo, os governos dos países signatários são obrigados a dar tratamento isonômico a empresas nacionais e estrangeiras nas licitações públicas. Isso significa, por exemplo, o reconhecimento mútuo de documentação dos fornecedores, o que pode representar uma redução concreta de barreiras à participação de firmas de outros países nas operações. A empresa também não precisará ter um representante no Brasil para participar da concorrência.
A avaliação dos técnicos da área econômica é que, quanto maior o número de concorrentes, mais reduzidas são as chances de corrupção. Segundo explicou uma fonte, “isso dificulta a combinação de jogo entre empresas”.
O Brasil sempre foi pressionado a entrar nesse acordo, mas resistiu tanto nos governos do ex-presidente Fernando Henrique Cardoso como nos mandatos de Luiz Inácio Lula da Silva. Nas negociações para a criação da Área de Livre Comércio das Américas (Alca) — abortadas logo no início do governo Lula —, os EUA tentaram inserir, sem sucesso, compras governamentais como parte do tratado continental.
Na época, a diplomacia brasileira considerava que o melhor seria discutir o tema de forma multilateral, na OMC. Porém, desde o governo do ex-presidente Michel Temer, a situação começou a mudar. Compras governamentais passaram a fazer parte de acordos negociados pelo Brasil com outros parceiros sul-americanos, como Peru e Chile.
Também há um protocolo de intenções com esse objetivo firmado com os demais sócios do Mercosul (Argentina, Paraguai e Uruguai).
No ano passado, já sob o governo do presidente Jair Bolsonaro, o Brasil e os demais sócios do Mercosul incluíram compras governamentais nos acordos com a União Europeia e a Efta (Associação Europeia de Livre Comércio, formada por Islândia, Liechtenstein, Noruega e Suíça). Os técnicos estimam que as licitações realizadas anualmente pela UE superem a cifra de US$ 1 bilhão.
Desde 2017, o Brasil passou a participar das reuniões de um comitê que trata de compras governamentais na qualidade de observador. Mas a adesão do Brasil não será imediata, pois requer uma negociação prévia na OMC. Também estão prestes a aderir ao acordo China e Rússia.

quinta-feira, 2 de janeiro de 2020

OMC: o futuro incerto - Federico Steinberg (Esglobal)

Depende: el futuro de la OMC

Es Global, Enero 2, 2020

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La sede de la OMC en Ginebra.FABRICE COFFRINI/AFP via Getty Images

¿Tiene remedio la profunda crisis que atraviesa la Organización Mundial del Comercio?¿Cuáles son las perspectivas de futuro para el multilateralismo y la cooperación comercial?
La Organización Mundial del Comercio (OMC), creada en 1995 y continuadora del exitoso Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT), que ha sido el pilar central del multilateralismo y la cooperación en materia comercial desde la Segunda Guerra Mundial, está en una profunda crisis. Estados Unidos se salta sus normas cuando lo considera conveniente y establece aranceles unilaterales al tiempo que bloquea el funcionamiento de su mecanismo de solución de disputas. China, sin saltarse la letra de la normativa, viola su espíritu y despliega un amplio abanico de prácticas que suponen una competencia desleal frente a las empresas de sus competidores. Y la Unión Europea, gran defensora del multilateralismo y las normas para la globalización, intenta sin éxito impulsar su reforma.

«La OMC ha fracasado»
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Un conferencia sobre el papel de la OMC en el siglo XXI, París, 2018. ERIC PIERMONT/AFP via Getty Images
No, pero a día de hoy, ya no es capaz de gobernar el comercio del siglo XXI. Aunque en retrospectiva se puede afirmar que el GATT, primero, y posteriormente la OMC, han sido una excelente forma de eliminar la protección arancelaria vinculada al comercio de bienes, lo cierto es que la institución no ha sabido dar respuesta ni a la nueva y cada vez más compleja realidad comercial ni al encaje de una economía como la de China, que juega con reglas diferentes a las de Occidente. Hoy, los retos de la regulación del comercio ya no tienen que ver con la bajada de aranceles y el acceso a los mercados para bienes industriales, sino con el creciente comercio de servicios, la regulación sobre las inversiones, las nuevas formas sofisticadas de protección (subvenciones y obstáculos técnicos al comercio) o los nuevos temas vinculados al comercio (propiedad intelectual, desarrollo, estándares laborales o medioambientales). También, y esto seguramente es lo más complicado, necesita ser capaz de gestionar los conflictos comerciales en un mundo cada vez más multipolar y con modelos económicos divergentes entre Occidente y Asia.
Por lo tanto, aunque han sido muchos los logros y los avances, no se puede decir que la adaptación de la OMC haya sido demasiado exitosa. La organización no ha sido capaz de acabar la Ronda de Doha iniciada en 2001, sólo ha cerrado un mínimo acuerdo multilateral en 2013 sobre facilitación del comercio y hoy se ve incapaz tanto de avanzar en la regulación de la nueva agenda comercial como de preservar el propio sistema multilateral de reglas y evitar la guerra comercial que Estados Unidos ha iniciado como respuesta a las prácticas comerciales de Pekín.
En el fondo, la crisis de la OMC no es más que el reflejo de la dificultad de hacer funcionar organismos multilaterales cuyas decisiones se adoptan por unanimidad en sistemas económicos cada vez más complejos, multipolares, con intereses estratégicos contrapuestos y con un comercio y un proteccionismo más sofisticado.
«Es urgente desbloquear el mecanismo de resolución de disputas»
Sí porque es la joya de la corona de la institución y sin su correcto funcionamiento la OMC pierde toda credibilidad. Tener reglas para la globalización comercial es importante porque sustituye la ley del más fuerte por el Derecho internacional. Pero igual de importante es tener un tribunal que dirima conflictos comerciales mediante la aplicación de las normas, ya que las disputas siempre se producirán, haya o no reglas. Es poco habitual que los Estados acepten la jurisdicción de un tribunal supranacional que pueda decirles lo que tienen que hacer en contra de sus intereses de corto plazo. Además, algunos de los tribunales existentes, como el del CIADI del Banco Mundial – cuya labor es dirimir conflictos relativos a las inversiones– tienen una limitada capacidad para asegurar el cumplimiento de sus decisiones. Asimismo, muchas de las resoluciones de las organizaciones internacionales, especialmente de las que tienen que ver con el sistema de Naciones Unidas, simplemente no se cumplen porque carecen de mecanismos que impongan su aplicación. Por eso suele decirse que estas instituciones “ladran, pero no muerden”.
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Figura que representa Donald Trump jugando al golf con pelotas que simbolizan las organizaciones internacionales, entre ellas la OMC, Berlín,2019. OLIVER BERG/DPA/AFP via Getty Images
Cuando se creó la OMC, se acordó crear un mecanismo de resolución de diferencias con un órgano de apelación que se encargara de dirimir conflictos y de aprobar sanciones en el caso de que un Estado o empresa sufriera un daño económico por la violación de las normas de la OMC por parte de otro país o compañía. Y, como estas sanciones sí hacen daño porque generan pérdidas económicas, el tribunal de la OMC se erigió en el mecanismo más potente del sistema internacional para dirimir conflictos económicos y hacer cumplir las reglas (el GATT no tenía nada similar). De hecho, como ante la amenaza de sanciones los Estados están dispuestos a cambiar sus prácticas comerciales, pero sin sanciones no, cada vez hay más voces que abogan por introducir bajo el paraguas de la normativa OMC temas no estrictamente vinculados al comercio, desde los climáticos hasta los de derechos humanos, con el fin de asegurar su complimiento.
Todo funcionaba más o menos bien hasta que llegó Donald Trump. Las decisiones del tribunal de la OMC se respetaban, se cumplían y se consideraban aceptables por los miembros de la organización. Pero la Administración estadounidense insiste en que el tribunal está extralimitándose (creando jurisprudencia al interpretar la normativa más allá de la aplicación de las reglas), que no sirve para cambiar las prácticas comerciales de China y que falla sistemáticamente en contra de EE UU al aplicar un criterio para calcular el redondeo de precios en los procedimientos antidumping que no le convence. Por todo ello, a medida que han ido expirando los mandatos de los jueces que tienen que formar los paneles del mecanismo de apelación del sistema de resolución de diferencias, ha vetado las nominaciones de todos los nuevos candidatos. Esto supone que en diciembre de 2019 el mecanismo de apelación no podrá tomar decisiones para dirimir conflictos por carecer de jueces para formar los paneles. Y si el tribunal no puede operar, qué incentivo hay para cumplir las reglas.

«Nadie sabe cómo reformar la organización»
No es así. Sabemos qué hay que reformar, pero no nos ponemos de acuerdo en los detalles. De hecho, el diagnóstico sobre las áreas que necesitan reforma está bastante claro y no hay ningún país que niegue la necesidad de tener unas reglas consensuadas y legítimas para gestionar los intercambios comerciales. El problema es que, en este momento, las posiciones están demasiado enfrentadas, y mientras China y EE UU no pongan fin a su guerra comercial, será muy difícil alcanzar un acuerdo.
La reforma de la OMC debería centrarse en las normativas de subsidios (en particular en el sector industrial), propiedad intelectual y transferencia de tecnología, tratamiento de empresas públicas, tasas a la exportación, defensa de la competencia en materia comercial internacional, las reglamentaciones sobre servicios o la facilitación de la inversión. Asimismo, es importante mejorar la transparencia (por ejemplo, en notificaciones), la efectividad de los comités, así como replantearse de una vez aspectos institucionales cruciales como la paralizante regla del consenso, el absurdo trato preferencial a países que se autodenominan en desarrollo –en vez de caso por caso– o clarificar definitivamente la peligrosa cláusula de seguridad nacional (de cuyo uso Estados Unidos está abusando), así como la interpretación de la normativa en el mecanismo de apelación del sistema de resolución de conflictos en términos más generales. Por último, dada la creciente necesidad de afrontar el problema del cambio climático, desde distintos ámbitos está abogándose por incorporar a la OMC normativas que fijen unos estándares medioambientales mínimos en la producción de bienes destinados a las exportaciones, sobre todo en los países en desarrollo.
«La reforma es políticamente inviable»
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Delegados entran en la sede de la OMC en Ginebra. FABRICE COFFRINI/AFP via Getty Images
Falso, es posible una reforma de mínimos que salve la institución. Dada la coyuntura actual, en vez de hablar de una refundación de la institución, que seguramente llevaría a la frustración, lo más efectivo sería que un grupo reducido de grandes potencias comerciales liderara un acuerdo al que posteriormente se pudieran adherir todos. La UE, en colaboración con Japón, Canadá, Corea del Sur y Australia, parece hoy la única potencia capaz de encabezar la reforma, que pasaría por buscar acuerdos de mínimos que tanto EE UU como China pudieran aceptar. Pekín se ha mostrado dispuesta a ceder siempre que se preserve el carácter liberal y abierto de régimen comercial multilateral del que tanto se ha beneficiado, la clave es hasta qué punto está dispuesta a modificar sus prácticas nocivas de forma que se garantice un campo de juego equilibrado sin actores que jueguen con ventaja. Estados Unidos, por su parte, más allá de las bravuconadas de Trump, también parece comprender que un marco mínimo de reglas multilaterales es necesario, por lo que podría estar dispuesto a aceptar ciertas reformas, más allá de que seguramente intentará continuar con su aislamiento económico progresivo, pero sin por ello desmantelar la globalización. El objetivo sería que abandonara las prácticas más nocivas para el orden multilateral, como el unilateralismo agresivo, el bloqueo del mecanismo de apelación de la OMC o el uso de las sanciones económicas para obtener objetivos geopolíticos. No se trata de lograr un acuerdo ideal que resuelva la tensión geoestratégica entre China y EE UU. Eso es imposible. Se trata de alcanzar un marco de reglas que sean aceptables por todos y den estabilidad a las relaciones económicas internacionales durante algunas décadas.

terça-feira, 3 de dezembro de 2019

The End of WTO, as we know it - The Economist

It’s the end of the World Trade Organisation as we know it

And America feels fine

“WINTER IS COMING,” warned a Norwegian representative on November 22nd, at a meeting of the World Trade Organisation (WTO). The multilateral trading system that the WTO has overseen since 1995 is about to freeze up. On December 10th two of the judges on its appellate body, which hears appeals in trade disputes and authorises sanctions against rule-breakers, will retire—and an American block on new appointments means they will not be replaced. With just one judge remaining, it will no longer be able to hear new cases.
The WTO underpins 96% of global trade. By one recent estimate, membership of the WTO or General Agreement on Tariffs and Trade (GATT), its predecessor, has boosted trade among members by 171%. When iPhones move from China to America, or bottles of Scotch whisky from the European Union to India, it is the WTO’s rules that keep tariff and non-tariff barriers low and give companies the certainty they need to plan and invest.
The system is supposed to be self-reinforcing. Mostly, countries follow the WTO’s rules. But if one feels another has transgressed, then instead of starting a one-on-one trade spat it can file a formal dispute. If the WTO’s ruling displeases either party, it can appeal. The appellate body’s judgments pack a punch. If the loser fails to bring its trade rules into compliance, the winner can impose tariffs up to the amount the judges think the rule-breaking cost it. It is that punishment that deters rule breaking in the first place.
It is no surprise that President Donald Trump has axed these foreign arbiters, given his general distaste for internationally agreed rules. On November 12th he declared himself “very tentative” on the WTO. But the problems run far deeper than dislike of multilateral institutions. They stem from a breakdown in trust over the way international law should work, and the more general failure of the WTO’s negotiating arm. Had the Americans felt that they could negotiate away their grievances, resentment towards the appellate body might not have built up. But with so many members reluctant to liberalise, including smaller countries fearful of opening up to China, that has been impossible.
America has had some wins at the WTO: against the European Union for subsidies to Airbus, an aircraft-maker; and against China for its domestic subsidies; theft of intellectual property; controls on the export of rare earths, which are used to make mobile phones; and even its tariffs on American chicken feet. But it has also been dragged before the appellate body repeatedly, in particular by countries objecting to its heavy-handed use of “trade remedies”: tariffs supposed to defend its producers from unfair imports. Time after time, it has lost. In such cases, it has generally sought to become compliant with the rules rather than buy the complainant off.
Though previous administrations had grumbled, and occasionally intervened in judges’ appointments, the Trump administration went further. Its officials complained that disputes often dragged on much longer than the supposed maximum of 90 days, and—more seriously—that the appellate body made rulings that went beyond what WTO members had signed up to. They made it clear that unless such concerns were dealt with, no new judges would be confirmed.
Judicial overreach is in the eye of the beholder. Losers will always feel hard done by, and America has been quick to celebrate the WTO’s rulings when it wins. But plenty of others think that the appellate body had overstepped its remit. A recent survey of individuals engaged with the WTO, including national representatives, found that 58% agreed with that verdict.
Getting so many countries to sign up to the WTO was a remarkable achievement. One way negotiators managed this was by leaving the rules vague, and papering over their differences with ambiguous language. Take “zeroing”, for example: using dubious mathematics to calculate defensive tariffs on unfairly traded imports. The Americans claim that the rules do not say they cannot do it. But others counter that the rules do not say they can. It is such long-running differences that have set the scene for the latest showdown.

Offer me solutions

The American trade lawyers happy to kill the appellate body see a fundamental difference between their attitude to international law, and that of Europeans. Their position is that only clear contractual terms can be enforced, and they see Europeans as more comfortable with resolving ambiguities by going beyond what is written. Essentially, they regard the appellate body as too European. Moreover, in its eagerness to rule where terms are unclear, and in the American government’s willingness to change its laws in response, they feel an affront to America’s sovereignty.
Under the GATT, which lacked a proper enforcement system, ambiguities were hashed out in smoke-filled rooms. But the WTO was supposed to make naked power politics over trade obsolete. Had it worked as intended, there would have been a balance between settling disputes and writing new rules. Policy is best made with a vibrant judiciary interpreting the law, and a functioning legislative arm to fix any mistakes. Whenever the appellate body made decisions that annoyed members, they could have resolved their differences at the negotiating table. Perhaps America could have got others to agree to higher tariffs on imported steel, or been granted some flexibility in its defensive duties.
But the WTO’s negotiating arm has been broken for years. With the current count of members at 164, it has become more inclusive, but is unable to get much agreed. Each member has a veto over any further multilateral trade liberalisation. And without new negotiations, resentment towards the appellate body has built up.
If you think this has a happy ending...
Had the multilateral system been more effective at dealing with the rise of China, perhaps the single biggest issue of its times, then calls to save it might be louder in Washington. Although various American administrations pursued and won several cases, the process was slow and occasionally frustrating. America can justly claim that, when it tried to hold China to account for its breaches of trade rules, it got little support. America has been responsible for more than half of all complaints against China. And other WTO members’ complaints were generally copycat, filed in America’s wake.
Now that the Trump administration has bypassed the WTO and taken the fight straight to China, there is nothing remaining that it particularly wants from the WTO. And so the chances that it will relent and allow nominations to the appellate body by December 10th are slim to none. In response to proposals from other members to change the body’s rules, an American representative said that they were not persuaded that the rules would be stuck to.
On November 26th the Trump administration suggested slashing the pay of members of the appellate body. In October Chuck Grassley and Ron Wyden, the top Republican and Democrat politicians on the Senate Finance Committee, published an editorial saying that while they saw the value of an appellate body, it “needs to operate as the members agreed”.
Of the WTO’s 163 other members, 117 have signed a joint letter calling upon America to end the impasse. Although America has been the heaviest user of the dispute-settlement system, others will miss it too (see chart). Some have already begun preparing, for example by agreeing at the start of any disputes to forgo the right to appeal. The EU, Canada and Norway have agreed on an interim arbitration mechanism that will use retired members of the appellate body as judges. And the EU is considering beefing up its own enforcement mechanism to fill the hole left by the appellate body, though it would probably cleave more closely to the outcomes of first-stage rulings in WTO disputes.

But some members are likely to shun such alternatives—especially those that expect to be sued a lot. And it is unclear how robust they will be if disputes turn nasty. Some WTO members may try to choose their dispute-settlement mechanism case by case. An organisation as ambitious as the WTO, for all its faults, will be easier to break than replace.
All this means that global trade is about to become a lot less predictable and a lot more contentious. Without the appellate body to act as honest broker, disputes between the biggest members may escalate. Under the GATT America acted as global trade sheriff, launching investigations at will and bullying disputatious countries into submission. It is not impossible that it will resume this role. On November 27th the Trump administration announced that it had nearly finished an investigation into a French tax on digital services, which America reckons discriminates against its tech giants. That could lead to tariffs.

You’ll miss it when it’s gone

In the 1980s American unilateralism was no fun for countries on the receiving end. But at least back then Uncle Sam could point to the lack of any other power even theoretically capable of doing the job. Now the absence of independent referees is America’s own doing. And of all Mr Trump’s trade policies, it may prove the hardest to reverse and have the longest-lasting effects. 

This article appeared in the Finance and economics section of the print edition under the headline "It’s the end of the World…"

terça-feira, 25 de junho de 2019

OMC: EUA disposto a enterra-la de vez? - Luis Doncel (El Pais)

El País, Madri – 25.6.2019
La OMC, abocada a la inoperancia por el bloqueo estadounidense
El bloqueo estadounidense de la Organización Mundial del Comercio hace temer el fin del orden multilateral a favor de un sistema donde el más fuerte imponga sus reglas
Luis Doncel

Ya lo advirtió la comisaria europea de Comercio. “Estados Unidos intenta matar a la OMC desde dentro”, decía Cecilia Malmström en octubre de 2017. No han pasado ni dos años, y la amenaza parece hoy más real que nunca.
El próximo 10 de diciembre vence el mandato de dos jueces del Órgano de Apelación, el más importante de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Si nadie lo evita —y no parece que nadie pueda hacerlo— el bloqueo estadounidense para nombrar sustitutos culminará entonces, dejando inoperativo el tribunal responsable de dirimir los conflictos comerciales de 164 paísesAsí, la Administración de Donald Trump habrá logrado su objetivo de boicotear este organismo nacido en 1995. Las fuentes consultadas temen que este sea el principio del fin de un orden multilateral en el comercio internacional. Y que sea sustituido por un sistema de negociación entre países, en los que los dos grandes bloques, EE UU y China, impondrían a los demás sus condiciones.
“Cuando no hay normas impera la ley del más fuerte, que es lo que pretende EE UULa UE, que por ser uno de los grandes bloques comerciales del mundo tiene poder negociador, intenta salvar el sistema no solo para defenderse a sí misma. Los que más problemas tendrían en este nuevo escenario serían los países en vías de desarrollo”, asegura José Luis Káiser, director de Política Comercial en la Secretaría de Estado de Comercio.
La Unión Europea lleva meses tratando de impulsar una reforma que, además de satisfacer a los estadounidenses, logre adaptar la OMC, el organismo que sustituyó al GATT (Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio) a la era digital. Habría que hacerlo más ágil en asuntos como la propiedad intelectual, los derechos de protección de inversión o el comercio electrónico. “La OMC claramente no estaba diseñada para acoger a economías planificadas como la china, con un fuerte peso del Estado en la producción”, admite desde Hong Kong Alicia García Herrero, economista jefa de Natixis para Asia-Pacífico.
“Ha llegado a haber 11 propuestas de reforma, pero a EE UU no le convence ninguna. Sabemos qué no gusta en Washington de la actual OMC. Pero no dicen claramente qué quieren para levantar el bloqueo. Mientras el resto de miembros plantea alternativas, EE UU solo dice no, sin plantear nada a cambio”, aseguran fuentes conocedoras de las negociaciones. “La situación actual es muy decepcionante. Es muy pronto para saber si nuestro intento de reformar el organismo tendrá éxito, pero nos tenemos que preparar para una situación en la que el Órgano de Apelación deje de funcionar”, añaden en la Comisión Europea.
Ante las dificultades para poner de acuerdo en una reforma a los 164 países miembros, Bruselas trata de impulsar, como informó EL PAÍS, una especie de OMC paralela en la que no participe EE UU y en la que se diriman las diferencias comerciales. Esta nueva vía de arbitraje, a la que países como Japón, India, Rusia o Suráfrica ya han mostrado su apoyo, sería un mecanismo temporal a la espera de que la OMC auténtica volviera a estar operativa. “Ya existe una masa crítica que apoya este sistema paralelo. Muchos países tienen preocupaciones por cómo funciona la OMC, pero no hasta el punto de bloquearlo. En ese organismo, los socios más pequeños plantean casos en igualdad de condiciones. Es la única manera de protegerse de las arbitrariedades de los grandes”, añaden fuentes comerciales.
El intento de crear un sistema paralelo no significa que la UE haya renunciado a la reforma de la OMC. “Pero no podemos garantizar el éxito de la reforma. Así que hemos iniciado vías para proteger nuestros intereses legales en casos en disputa”, concluyen fuentes europeas.
Pero la duda es si esa recuperación de la OMC va a llegar en algún momento: si la crisis del organismo que encabeza el brasileño Roberto Azevedo atraviesa tan solo un bache o camina de forma inexorable hacia la irrelevancia. Esta última opción es la que se teme García Herrero, que ve en la OMC “un Titanic al que se agarran los europeos”. El declive de este organismo, asegura, afectará negativamente al comercio internacional, “puesto que no habrá la posibilidad de un arbitraje bajo un paraguas común”.
Los problemas de la OMC no son nuevos. Las anteriores Administraciones de EE UU ya habían criticado duramente al Órgano de Apelación por considerar que se excedía en su mandato y que dictaminaba en demasiadas ocasiones contra los intereses norteamericanos. Pero no ha sido hasta la llegada de Donald Trump cuando la Casa Blanca ha amenazado con ignorar las sentencias, que, frente a lo que ocurría en la época del GATT, son de obligado cumplimiento para los 164 países miembros. Washington, por el contrario, considera que la OMC se sobrepasa en sus funciones e invade su soberanía nacional.
“Va a ser muy difícil lograr una reforma, pero a la UE no le queda otra opción que intentarlo y esperar que EE UU y China comprendan que en una guerra comercial pierden todos. Mientras, Bruselas también ha de buscar un plan b, que sería la búsqueda de acuerdos bilaterales si el mundo se parte en dos bloques”, analiza Federico Steinberg, investigador del Real Instituto Elcano.
Una buena ocasión para ponderar la pérdida de peso de la OMC será la reunión del G20 de esta semana en Osaka (Japón). El comercio mundial estará atento si en el comunicado final EE UU da alguna señal de desbloqueo de la OMC. Pero las fuentes consultadas lo consideran poco probable. “Lamentablemente, parece que el organismo va a ser cada vez más irrelevante. China podría asustarse al ver que su economía se desacelera o EE UU podría cambiar de política, sobre todo si Trump no es reelegido. No está todo perdido. Pero si no se toman medidas ya para corregir el rumbo, será muy difícil”, concluye Steinberg.

CHINA Y LOS LITIGIOS PENDIENTES CON EE UU Y LA EU

China dio marcha atrás la semana pasada y aceptó que no se le considere como una economía de mercado. Con este paso, Pekín deberá seguir pagando tasas antidumping por las acusaciones de EE UU y Europa de exportar productos como aluminio y acero a precios más bajos de mercado gracias a subvenciones públicas que reciben las empresas exportadoras. Según Reuters, que difundió la noticia, China tomó esta decisión porque sabía que iba a perder el litigio. Otras fuentes lo interpretan también como un gesto de buena voluntad ante el resto de conflictos comerciales que arrastra el gigante asiático. "China sabe que la OMC no va a resolver nada ahora, pero quiere mostrar su cara multilateralista y diferenciarse de EE UU", añade Alicia García Herrero, de Natixis.
"Cuando China entró en la OMC, en 2000, las normas del organismo estaban pensadas para economías de mercado, no como China, con muchas empresas públicas que distorsionan el mercado. Esto hay que arreglarlo de alguna forma. La solución de EE UU es bloquear. La de la UE, adaptar la organización a este tipo de economías", asegura José Luis Káiser, director general de Política Comercial. Káiser considera que la UE es el único de los grandes bloques que sigue defendiendo un sistema de comercio multilateral. "Tanto China como EE UU buscan soluciones al margen", añade.
Sobre el conflicto con EE UU por Huawei, fuentes comerciales creen que China no ha acudido a la OMC por estar aún inmersa en negociaciones confidenciales y estar a la espera de su resolución.

segunda-feira, 18 de fevereiro de 2019

OMC: livro e seminario - SP, 13/03

Palestra: 
"O Futuro da OMC"
Palestrante: Victor do Prado, Diretor do Conselho e Comitê de Negociações Comerciais da OMC
Debatedores: Professor Celso Lafer, Ministro das Relações Exteriores do Brasil (2001-2002)
Professor Luiz Olavo Baptista, Presidente do Órgão de Apelação da OMC (2007-2008)
E
Lançamento do Livro:
"The WTO Dispute Settlement Mechanism"
editado por Alberto do Amaral Jr; Luciana M. de Oliveira Sá Pires; Cristiane Lucena Carneiro
13 de março de 2019
09.00 -- 13.00
Rua Itapeva, 474, 6º andar, São Paulo/SP

As inscrições podem ser realizadas por aqui.

sábado, 12 de janeiro de 2019

Brasil condenado na OMC: stalinismo industrial - Jamil Chade (OESP)


Brasil vai questionar interpretação de juízes da OMC
Jamil Chade, de Genebra
O Estado de S. Paulo, 11/01/2019
O governo brasileiro vai questionar a interpretação dada pelos juízes da Organização Mundial do Comércio (OMC) que, em dezembro, condenaram cinco programas de incentivos fiscais do Brasil. A queixa, lançada pela Europa e Japão, será adotada nesta sexta-feira, 11, em Genebra, e será iniciado o período de 45 dias durante os quais o Itamaraty terá de chegar a um acordo sobre o que terá de ser feito para desmantelar o apoio hoje dado ao setor privado.
A OMC condenou de forma clara a estratégia de substituição de importação, uma política industrial adotada durante o governo de Dilma Rousseff e que distribuiria R$ 25 bilhões em bondades fiscais. Depois de cinco anos de contenciosos, a entidade coloca um espécie de "fronteira" à política que poderá ser adotada no País na próxima década.
Foram declarados como irregulares a formas de incentivos previstos na Lei de Informática, no Padis (Programa de Apoio ao Desenvolvimento Tecnológico da Indústria de Semicondutores e Displays), além do o Inovar Auto, da Lei de Inclusão Digital e o Programa de apoio ao desenvolvimento tecnológico da indústria de equipamentos para a TV digital (PATVD). 
Três dos programas condenados já foram encerrados. Mas a Lei de Informática vence apenas no ano de 2029 e o Padis vence em 2022. Ambos terão de mudar ou passarão por uma profunda reforma para que não sejam considerados como mecanismos que garantem uma concorrência desleal entre produtos nacionais e importados.
Nesta sexta-feira, a diplomacia brasileira usará a reunião na OMC para levantar uma preocupação surgida depois de ler a decisão dos juízes. Pelas regras internacionais, uma vez que um produto pague os impostos de importação, ele precisa receber o mesmo tratamento que um produto nacional dispõe. Trata-se do princípio do "tratamento nacional". 
Os acordos da OMC, porém, permitem uma exceção, que é a capacidade de governos para conceder subsídios a produtos nacionais. Ninguém discute o fato de que isso cria um desnível na concorrência. Mas essa possibilidade era permitida pelos tratados negociados ainda nos anos 90.
O que chamou a atenção dos especialistas brasileiros é que os juízes aplicaram uma nova interpretação do texto das regras e a condenação criou o que para muitos poderia ser um precedente perigoso na jurisprudência. 
Pela decisão da OMC, os juízes interpretaram as leis de forma a restringir o alcance dessa exceção, o que tornaria todos os subsídios condenáveis. Na avaliação do Brasil, isso poderia ter consequências negativas e afetar, entre os outros setores, o da agricultura. 
A queixa brasileira não irá mudar a condenação e o governo sabe que terá de cumprir a determinação da OMC. Mas a decisão de levantar esse ponto tem como objetivo demonstrar uma "preocupação sistêmica". 
O governo brasileiro ainda vai reforçar outra mensagem: a de que a nova decisão da OMC reverteu parcialmente uma condenação que, um ano antes, havia sido bem mais profunda. Na primeira instância, também tinham sido condenados o Regime Especial de Aquisição de Bens de Capital para empresas exportadoras (Recap) e Programa Preponderantemente Exportador (PEC).
O Itamaraty, porém, conseguiu que eles fossem absolvidos. Os programas, no fundo, apoiam centenas de empresas nacionais, entre elas a Samarco e a Embraer.
Prazos
Com a adoção do relatório nesta sexta-feira, europeus e japoneses pedirão que o Brasil reforme seus programas dentro de um período a ser negociado. Se não houver um acordo no prazo de 45 dias, europeus levarão o caso de volta à OMC e pedirão uma arbitragem para que a entidade determine o prazo para que o Brasil retire seus programas de funcionamento. 
Legalmente, o fim desses programas não é tão simples, já que existem obrigações assinadas com empresas que fizeram investimentos e compromissos contratuais. Caso o Brasil não cumpra a decisão da OMC, Tóquio e Bruxelas já indicaram que irão solicitar a autorização para retaliar o Brasil.

sábado, 28 de abril de 2018

Marcos Jank: o conflito do frango com a Europa

O conflito do frango com a Europa

Jornal “Folha de São Paulo”, Caderno Mercado, 28/04/2018

Marcos Sawaya Jank (*)
Marília Rangel Campos (**)

Crise de imagem é arma dos produtores europeus de carne para tentar banir o Brasil. 

A União Europeia acaba de embargar as exportações de carne de frango de vinte plantas brasileiras, alegando falta de confiança nos controles oficiais.

O Brasil é o maior exportador de frango para a Europa (quase metade do total importado), suprindo a grande demanda do bloco por peito de frango, que gera quase US$ 800 milhões. 

Apesar de representarem só 3% do consumo, essas exportações sempre foram uma pedra no sapato dos produtores europeus, que há décadas buscam motivos para bloqueá-las.

Até 2000 as exportações de peito desossado ocorriam numa classificação aduaneira sobre a qual incidia uma tarifa de importação de € 1.024/ton, equivalente a 75% do valor do produto na época.

Essa tarifa proibitiva fez com que as empresas optassem por exportar peito de frango congelado com adição de 1,2% de sal, o chamado “peito salgado”, gravado com tarifa bem menor, de 15,4% e sem a limitação de cotas. Com essa manobra, o Brasil passou a responder por 6% do consumo europeu.

A reação dos produtores europeus foi imediata: determinaram que o peito salgado deveria ser reclassificado como frango congelado in natura, ainda que o produto fosse outro. Em 2002, o Brasil recorreu à OMC (Organização Mundial do Comércio). E saiu vitorioso.

Mas, como tudo é complicado nas relações comerciais com a Europa, o bloco aplicou um velho dispositivo que permitia renegociar concessões sobre tarifas consolidadas e impor cotas tarifárias restritivas sobre o peito salgado. Foi nesse momento, em 2007, que nasceu o problema que estamos vivendo hoje e que já está afetando a rentabilidade de toda a cadeia avícola no Brasil, que tem 130 mil avicultores e gera 3,6 milhões de empregos.

A legislação europeia de carne de aves adota critérios microbiológicos que claramente beneficiam o produto local. No frango in natura, sem adição de sal, só dois tipos mais graves de salmonela levam à recusa sumária dos produtos.

Mas no caso do frango salgado a legislação determina a recusa imediata de produtos que contenham qualquer um dos mais de 2.600 tipos de salmonela, inclusive os que não são de preocupação para a saúde pública. Lembramos que esse patógeno é virtualmente eliminado com o cozimento da carne de frango. Ou seja, trata-se de exigência incabível e desmedida que atinge apenas o produto importado.

Foi a aplicação desse sistema de dois pesos e duas medidas que resultou na suspensão das 20 unidades brasileiras. Uma barreira que não visa a proteção do consumidor local, mas a redução drástica do volume importado do Brasil, causando forte impacto negativo dentro do Brasil e no resto do mundo.

Basicamente a UE se aproveitou da crise de imagem que abalou o setor avícola brasileiro após as operações Carne Fraca e Trapaça para impor sanções comerciais arbitrárias sob pretexto técnico. Os lobbies europeus mais radicais querem banir o país como um todo e até retirar as carnes das negociações EU-Mercosul.

O ministro Blairo Maggi anunciou que o Brasil vai à OMC contra essa arbitrariedade, mas sabemos que o resultado final pode levar até três anos. E, mesmo assim, uma vitória no painel nem sempre leva a um resultado final exitoso. Ganhamos o contencioso do frango salgado em 2005, mas perdemos com a limitação do mercado com cotas e, depois, com a discriminação sanitária que se seguiu.

Infelizmente a cadeia de aves e suínos enfrenta hoje crescentes dificuldades na Europa, na Rússia, na China e na Arábia Saudita. É hora de melhor organizar a articulação público-privada, com estratégia sólida, engajamento efetivo de aliados locais nos países, diálogo construtivo e firmeza na contestação.

(*) Marcos Sawaya Jank é engenheiro-agrônomo e especialista em questões globais do agronegócio. Escreve aos sábados, a cada duas semanas.
(**) Marília Rangel Campos é especialista em comércio internacional. Email: marilia.rangel@gmail.com